La presente etnografía
tiene el objetivo de aproximar al lector a la Fiesta Mayor de Gracia
en la ciudad de Barcelona. Esta aproximación no será únicamente
desde el espacio público, espacio desde el cual generalmente es
conocida esta fiesta popular urbana, sino la intención es llevar
al lector al interior de la fiesta, a los locales donde se construyen los
adornos día a día durante un año para engalanar las
calles de la Vila de Gràcia y así mismo escuchar las voces
de los propios actores sociales: vecinos, amigos de los vecinos, familiares,
amantes de la vida mediterránea, que hacen posible cada 15 de agosto
esta tradición centenaria.
El distrito de Gracia es
uno de los 10 Distritos de la ciudad de Barcelona en Cataluña. Este
distrito aglutina a cinco barrios: Gràcia, Camp d'en Grassot, La
Salut, El Coll, Vallcarca y Penitents. Es en el barrio de Gracia, mejor
conocido como la vila de Gracia donde desarrollé la investigación
entre 2001 y 2004. Gracia es un espacio ampliamente conocido, visitado
y anhelado para vivir por los barceloneses. La estrechez de sus calles,
sus plazas, sus bares, su vida cultural y su fiesta mayor son algunas de
las particularidades que le distinguen de otros barrios y distritos.
Adorno de la calle
Cuando uno llega a la villa
de Gracia lo primero que llama la atención son sus plazas que a
diferencia de otros barrios cuenta con gran número de ellas. Las
plazas y sus calles pequeñas le imponen un estilo que según
los vecinos hace que Gracia parezca un pueblo. El diseño mediterráneo
de la villa, para muchos, facilita la convivencia y la interacción
intergeneracional: sus bares, sus plazas y sus calles pequeñas,
son espacios donde se expresa la personalidad graciense, que se caracteriza,
según pude escuchar, por su disposición a reunirse, a asociarse
o simplemente a sentarse en un bar durante horas para arreglar el mundo.
Recorrer Gracia de arriba
a bajo fue una de mis primeras tareas para realizar la etnografía
de la Fiesta Mayor de Gracia. Las calles y las plazas son el escenario
principal para celebrar la fiesta mayor. La mayoría de las plazas
tienen su origen en el siglo XIX aunque algunas son de creación
reciente. Cada plaza es distinta: cada una tiene su historia y detalles
que las distinguen unas de otras, ninguna plaza es igual a otra.
Su identidad urbana local
está simbolizada en parte por la disposición urbanística
de sus calles y sus plazas que son considerados lugares de encuentro y
que fomentan la convivencia vecinal: “La extensión de Gracia es
lo que permite un nivel de relación correcta, una extensión
más grande la dificultaría” (Lafarga, op. cit., p. 40).
Podemos decir que existe
una forma de ser graciense, una cultura local propia, que se diferencia
de otras zonas metropolitanas: “los hechos gracienses son una fidelidad,
una forma determinada de vivir la realidad urbana, nuestra manera de convivir
y ser de Barcelona. Ni etnia, ni lengua, ni linaje, somos una cultura metropolitana
hecha para continuar, no para desaparecer en el océano de la impersonalidad.
En todo caso, en toda el área metropolitana de Barcelona es bien
difícil encontrar un caso similar” (Lafarga, 1999,
p. 13).
Así ser graciense
es una identidad local urbana que se reivindica y se defiende, que muchas
veces busca diferenciarse de la identiad barcelonesa y de las ciudadanías
globalizadas.
También Gracia es
un espacio de moda, deseado y anhelado por muchos jóvenes profesionistas,
recién casados y estudiantes extranjeros. Esta demanda ha hecho
que en Gracia la vivienda adquiera precios muy altos por lo que cada vez
más sólo pueden vivir ahí los que pueden pagar costosos
alquileres o comprar apartamentos caros. Gracia tiene un predominio de
perfiles socio-profesionales medianos altos.
Algunas personas consideran
que Gracia se volvió un barrio de nuevos ricos, a quiénes
en la fiesta mayor: “no les interesa colgar un alambre o peor aún
pues no quieren que se cuelgue nada en su casa, no les interesa la fiesta
mayor, al contrario éstos se quejan porque no pueden entrar con
sus coches al barrio y no pueden descansar” (vecina de Gracia, 2002).
Otros nuevos vecinos que
han llegado a Gracia en la última década son las personas
inmigrantes extranjeras. En los últimos 10 años ha habido
un cambio notable en la población de Gracia. Según
datos del Ayuntamiento de Barcelona, 6 de cada 100 habitantes de Gracia
en el año 2000 eran de nacionalidad extranjera. La mayoría
proviene de América del Sur: Ecuador, Colombia y Perú; de
origen europeo son un tercio del total y en último lugar están
los asiáticos y africanos. La media de edad de los extranjeros es
de 33 años lo cual contrasta con el envejecimiento de este distrito
donde el 24% de su población sobrepasa los 65 años (L’Independent,
Junio, 2001).
La Fiesta Mayor de Gracia:
identidad cultural e identidad territorial
Adorno de la calle Torres.
2001
Gracia era un pueblo cercano
a la ciudad amurallada de Barcelona. Cuando Barcelona a mediados del siglo
XIX destruyó sus murallas comenzó una historia tensa y conflictiva
entre el ayuntamiento de Barcelona y la sociedad graciense quien se resistía
(y resiste) a formar parte de la ciudad condal. A pesar de varios momentos
de municipalidad independiente, en 1897 Gracia fue anexada a la ciudad
de Barcelona, pasando a ser considerada un barrio más de la ciudad
condal (Enciclopedia catalana, 1997;
Mussons, A. 1996).
La fiesta mayor puede ser
considerada una forma cultural de resistencia cívica para no ser
absorbida por la cosmopolita ciudad de Barcelona. Es a través de
la fiesta mayor donde se expresa la identidad local cultural: ser graciense.
A través de la fiesta los gracienses muestran a Barcelona y al mundo,
su particularidad y su historia con la intención de subrayar que
más allá de haber sido anexados a la ciudad condal, siguen
siendo un pueblo, un lugar diferente celoso de sus tradiciones. La fiesta,
como veremos más adelante, al transformar sus calles con los adornos,
permite marcar los límites entre lo que es Barcelona y la vila de
Gracia.
Hace más de cien años
que se celebra cada 15 de agosto la fiesta mayor de Gracia. En el diario
de Barcelona del 19 de agosto de 1827 encontramos la primera mención
escrita a ésta (Sanclemente, 1990).
Los principales elementos
que identifican la Fiesta Mayor de Gracia son los adornos de las calles
y las plazas y los actos festivos que ahí se realizan: juegos, comidas,
música, bailes y actuaciones.
No se sabe bien el origen
de los adornos pero en los diarios de 1862 aparecía una nota referente
a ella. En el siglo XIX se adornaba un centenar de calles pero este número
se redujo a cuatro durante la década de 1970, sin embargo en los
años 80 creció hasta casi una treintena y aumentó
el protagonismo de los vecinos. La participación comprometida de
los vecinos y vecinas de Gracia es lo que ha mantenido todo este tiempo
la fiesta y sólo se ha dejado de celebrar en contadas ocasiones
como por ejemplo durante la guerra civil de 1936. Actualmente se mantiene
una veintena de calles adornadas (Sanclemente, op.cit.).
Según Jordi Pablo
(1997) los temas de los adornos son muy variados aunque
se pueden agrupar en 3 grandes temáticas:
-
Críticas o ironías
sobre temas de actualidad. De esta manera se trata de expresar posturas
críticas de distintos colectivos.
-
Espacios exóticos y encantados.
Conjunto de temáticas relacionadas con los viajes, con la escenificación
de novelas de aventuras o cuentos. Son frecuentes los espacios orientales,
escenificaciones de terror, el fondo marino, espacios estelares, representaciones
de la noche o el infierno, etc.
-
Recreación de la historia
local barcelonina. Se representan edificios, construcciones o personajes
populares.
Uno de los momentos más
emocionantes de la fiesta es el concurso de calles. La Federació
de Festa Major ha elaborado unas condiciones para poder participar en el
concurso. Principalmente se trata de que la construcción del adorno
sea realizada por los vecinos de las calles es decir se busca la participación
activa del vecindario para mantener la fiesta.En la organización
de la Fiesta Mayor participa gente de todas las edades: niños, abuelas,
adultos y en menor número jóvenes. Encontramos tanto vecinos
como personas de otros barrios de Barcelona, es decir, los colectivos participantes
son muy diversos por lo que cada calle y plaza vive la Fiesta Mayor a su
manera.
El proceso de fabricación
del adorno comienza en octubre cuando se definen las Juntas y comisiones
que participarán durante todo el año. El inicio siempre es
el 15 de agosto. La duración de la fiesta es de mínimo 7
días. Casi inmediatamente terminada la fiesta anterior se inicia
el proyecto de adorno del año siguiente. Esto es, si la fiesta acaba
en agosto, en septiembre u octubre, ya se inician las asambleas de las
juntas de calle para definir cuantas personas colaborarán ese año
y se diseña el siguiente adorno. La construcción del adorno
se hace durante todos los meses del año, sea en locales alquilados
o en espacios cedidos por algún particular. Ahí participan
los vecinos según sus habilidades y recursos económicos.
Cada calle elabora una programación
para los días de fiesta. Ésta puede variar en algunas actividades
pero existen actividades muy establecidas que se reproducen en todas las
calles.
Comidas colectivas.
En algunas calles se desayuna, come y cena de manera colectiva casi todos
los días. El “sopar de veïns” o de carmanyola, es uno de los
momentos más importantes de las comidas. También se hace
el “sopar de germanor” para los socios y vecinos. Hay juegos para
niños de cada calle con el “berenar infantil” donde se come chocolate
derretido y churros. También es frecuente realizar concursos
culinarios como por ejemplo concurso de paellas.
Música, bailes
y actuaciones en el escenario. En el escenario de cada calle, hay actuaciones
de grupos y conjuntos musicales. Actuaciones teatrales, profesionales o
amateurs, payasos y humoristas. La música es variada: se trata de
mantener las tradicionales sardanas, o havaneras, música de Tradicionarius,
o hay otros ritmos más modernos como el jazz, la salsa o el rock.
Juegos en la calle.
Podemos encontrar en la programación diversos campeonatos de parchis
o domino. También están los juegos populares como trencar
l’olla (romper la olla) y juegos de sortija.
Existen subvenciones económicas
por parte del gobierno pero resultan insuficientes debido a lo costosa
que resulta la fiesta. Lo más costoso para los vecinos es la renta
de los locales donde se fabrican los adornos. Debido a esto los vecinos
buscan apoyos y otras formas de financiamiento realizando comidas, loterías,
venta de camisetas, tener socios e instalar un bar los días de la
fiesta.
La Fiesta Mayor de Gracia
actualmente es visitada por más de un millón de personas,
lo que hace que las actividades y rituales antes establecidos para fomentar
los lazos vecinales y de la vida comunitaria en la ciudad, se enfoquen
ahora hacia la recepción de numerosos grupos de visitantes y se
convierta en un gran espectáculo de las grandes urbes. La Fiesta
Mayor no escapa al proceso de globalización y cada vez encontramos
más elementos que muestran los efectos de ella, como serían
los paseos organizados para grupos de turistas en autobuses, la presencia
de las grandes marcas comerciales y transnacionales durante los días
de la fiesta, etc.
Tocando Puertas: Mi entrada
a los locales de los colectivos festivos
El primer paso que di para
realizar el trabajo de campo fue establecer conversaciones con distintas
personas y organizaciones que me permitieron identificar los distintos
actores de la Fiesta Mayor de Gracia así que contacté con
la Federació de Festa Major, entidad privada sin ánimo de
lucro que articula las calles que organizan la fiesta mayor. La selección
de las asociaciones y colectivos de calles y plazas la hice principalmente
por sus características particulares y por su disposición
y apertura a participar en la investigación.
Las Juntas de calle con las
que realicé el trabajo de campo fueron 4: Joan Blanques de Dalt,
Puigmartí, Torres y Verdi de Dalt. Los colectivos de las Juntas
de calle estaban conformados principalmente por vecinos y vecinas de la
Gracia, los cuales se dedicaban todo el año a la construcción
del adorno para la fiesta mayor y a participar en distintos actos de la
cultura popular catalana. Una característica importante en los colectivos
y Juntas de las calles era la poca presencia de jóvenes.
Las Juntas de Calles
Participantes de Junta de
Calle Puigmartí. 2001
Las Juntas de las calles
de Joan Blanques de Dalt, Puigmartí, Torres y Verdi de Dalt, pertenecen
a la Federació de Carrers y según me comentaron, tenían
en común que intentaban mantener en la medida de lo posible un adorno
de calidad. Todas habían ganado varios primeros lugares en los concursos
de calles y tenían un importante reconocimiento vecinal dentro de
la fiesta.
A partir de mi trabajo
de campo y de la observación participante pude encontrar algunas
coincidencias en las formas de organización de la fiesta pero también
sus diferencias:
El Calendario.
A través del trabajo de campo pude vivenciar ciclos completos de
la fiesta mayor que seguía las siguientes fases: en octubre se creaban
las comisiones o Juntas que trabajarían el año siguiente.
De noviembre a junio se organizaban actividades para los vecinos. En enero
y febrero se consolidaba el diseño del adorno, algunas lo tenían
desde antes y por marzo o antes si era posible se iniciaba la construcción
del decorado. En mayo se confeccionaba el programa de fiestas. En los meses
de julio y agosto empezaba la recta final para terminar los decorados.
Las fechas para comenzar a adornar las calles son unos días antes
del día de la fiesta o sea el 15 de agosto.
Los Locales.
Mi experiencia más interesante de investigación de esta fiesta
urbana fue tener la posibilidad de entrar a los locales de estos colectivos
festivos. Todas estas calles contaban con un local para fabricar los adornos.
Al entrar a estos locales y convivir con los vecinos me di cuenta de que,
los locales eran los espacios donde se planeaba y diseñaba el adorno
y la programación de la fiesta mayor. El tamaño de los locales
podía variar pero en todos encontrábamos mesas de trabajo,
materiales de fiestas pasadas, herramientas de diversos tipos: tijeras,
pinzas, pistolas de cola, soldadores, compresores, cortadoras, etc. Si
el espacio lo permitía, podían tener pequeñas secciones
de trabajo donde se iba especializando la producción del adorno
como en el caso de las calles Verdi y Joan Blanques. Otros más modestos
como el de la calle Torres, donde las personas que hacían el adorno
tenían que pensar en diseños más flexibles para ocupar
menos espacio pues su local era pequeño. Estos locales parecían
auténticas fábricas donde la gente pasaba muchas horas de
su vida confeccionando y manipulando materiales diversos: plástico,
espuma, madera, papel, metal, etc. para ser transformados en figuras fantásticas
que reproducían eventos o lugares de la vida cotidiana de la sociedad
catalana o de otras culturas o de la naturaleza o sitios imaginarios.
En estos locales podíamos
observar vitrinas donde se exhibían los trofeos obtenidos en concursos
anteriores. La importancia de estos lugares no sólo estaba en que
eran el sitio de producción de los adornos, el lugar donde se trabajaba,
sino que también eran espacios donde se construía y reconstruía
la realidad cotidiana y las relaciones sociales a partir de las conversaciones
que continuamente los participantes sostenían mientras trabajan.
Durante las horas y días que pase por los locales, pude constatar
que eran espacios donde se convivía, se conversaba sobre las experiencias
personales, problemas sociales, se tomaban decisiones sobre la fiesta y
se creaban fuertes vínculos entre las personas participantes.
A través de las mil conversaciones sostenidas se podía ver
que ahí se vivían procesos de identificación tanto
a nivel local: identificación con la villa de Gracia como a nivel
nacional: identificarse con la cultura catalana.
A nivel espacial considero
que los locales eran espacios privados, una especie de extensión
de la casa-hogar, ya que ahí la gente actuaba como si estuviera
en su “casa”, sabían donde estaba cada objeto en medio del mar de
objetos, materiales, etc. Pude identificar distintos aparatos electrodomésticos
como radios, televisiones, ventiladores, refrigeradores o computadoras,
es decir, el espacio estaba acondicionado de tal forma los participantes
se sintieran a gusto como si estuvieran en un hogar común. Al mismo
tiempo los locales eran espacios públicos, como una extensión
de la calle, abierta al público: generalmente podía encontrarse
la puerta abierta para quien quisiera entrar (aunque no en todos los casos)
la mayoría de los locales eran espacios identificados por los vecinos
de la calle. Los locales considero eran lugares de transición entre
la vida privada y la pública, lugares de fronteras borrosas entre
el “dentro” y el “fuera”.
Redes sociales.
En estos colectivos pude identificar dos tipos de redes sociales que sostenían
la fiesta: las redes familiares y las redes de amistad. Las Juntas de calle
estaban estructuradas principalmente por familias: participaba el padre,
la madre, el esposo, la esposa, los hijos, los y las hermanas, etc. El
núcleo familiar era la principal estructura de estos colectivos.
En general la fiesta mayor se había traspasado de una familia a
otra y de una generación a otra, es decir, había una estructura
interfamiliar e intrafamiliar.
La otra red que identifique
era la de la amistad. Era interesante mencionar que el concepto de amigo
era más mencionado en las conversaciones que el de vecino. Esto
era un indicador de la cercanía que existía entre los y las
participantes, pues la amistad implicaba una mayor aproximación
afectiva entre las personas, es decir, implicaba la lealtad, fidelidad,
compromiso, complicidad, cariño, etc. Esta red, que no estaba construida
a partir de los lazos familiares, estaba tejida por personas que vivían
en esa misma calle o en otra de Gracia e inclusive en otro barrio de Barcelona.
Muchas de estas personas habían sido vecinas del barrio que por
razones distintas se habían marchado de Gracia pero el lazo afectivo
y su participación la mantenían a pesar de la distancia.
Otras personas, -una minoría- nunca habían vivido en Gracia
pero participaban en la elaboración del adorno y se sentían
identificados con Gracia.
La metáfora de la
familia era recurrente cuando se referían al sí mismo colectivo
que se había construido en estos locales. Esto es, se hacía
referencia a un fuerte sentido afectivo entre las personas cuando se describían
como somos una gran familia.
Edades y género
de participantes. Otra característica de las personas participantes
era su edad que oscilaba la mayoría entre los 40 y los 60 aunque
había algunas personas de 30. Participaba un importante grupo de
personas mayores de 60 años y poca participación de jóvenes.
Los niños y las niñas, hijos de las familias participantes
asistían y colaboraban en lo que podían. En general el número
de hombres y mujeres era similar aunque la constancia de las mujeres era
más evidente. Considero que la participación de las mujeres,
muchas de ellas viudas, era fundamental tanto en la elaboración
del adorno como durante la fiesta. En 3 de las 4 calles que analicé
el cargo de presidente era ocupado por mujeres.
División
del Trabajo. Durante la elaboración del adorno para la fiesta
pude observar en algunas calles una reproducción de
los roles de género más convencionales que existían
en la sociedad catalana aunque en algunos otros casos, donde había
mujeres más jóvenes (menores de 30 años) las fronteras
entre estos roles estaban más desdibujadas, es decir ellas hacían
actividades consideradas de hombres o viceversa. Muchas veces el trabajo
o las actividades estaban significadas a partir del género ya que
las personas expresaban: esto es un trabajo de hombres o de mujeres. La
reproducción de estos roles más convencionales la podíamos
observar cuando el trabajo más minucioso, como elaborar el detalle
de los adornos, cortar y coser telas, era elaborado por mujeres mientras
que el trabajo que tenía que ver con subir escaleras, utilizar herramientas
como compresores, colgar cables, hacer instalaciones eléctricas,
etc. era elaborado por los hombres. El trabajo también se dividía
por las edades de las personas que en la medida de sus posibilidades participaba
en la confección del adorno: los niños y niñas hacían
una cosa, los ancianos otra, etc. Aunque también es cierto que las
excepciones existían y algunas actividades eran realizadas independientemente
de la edad.
Memoria festiva. Los
álbumes de fotos y la colección de programas anteriores también
eran un elemento importante y común que existía en estos
colectivos. En cada calle había fotos de fiestas anteriores, donde
se recogían las experiencias vividas en cada fiesta mayor, cada
foto tenía su anécdota y su narración histórico-biográfica.
El álbum de fotos era un documento importante para los colectivos,
a través del cual los y las participantes recreaban su memoria festiva
que al mismo tiempo estaba vinculada a la memoria del barrio, de
los vecinos, amigos, familiares que habían participado en la fiesta
y por supuesto a la propia biografía. Podía encontrarse inclusive
una gran foto de Barrut un perro gran danés que había sido
mascota del colectivo festivo. Barrut pasó horas de su vida en el
local junto a los participantes, apoyando de alguna forma el trabajo de
fabricación de adornos. Ahora su foto ocupa un lugar central en
el local para recordarle.
Financiamiento.
En general el financiamiento de las comisiones o Juntas de fiesta era a
partir de las cuotas de socios, rifas y loterías organizadas por
los vecinos o la venta de camisetas y otros artículos durante la
fiesta. Aportaciones de comercios y sucursales bancarias de la zona a cambio
de la publicación de un anuncio en el programa de fiesta mayor.
Principalmente se financiaban a partir de los beneficios del bar que se
ponía durante los días de celebración de la fiesta
mayor. Además se recibían subvenciones del Ayuntamiento de
Barcelona canalizadas a través del Distrito de Gràcia, del
Departament de Bienestar social y del Departament de Cultura de la Generalitat
de Cataluña. Sin embargo la mayoría de las calles identificaban
como su principal problema la falta de dinero para elaborar grandes y vistosos
adornos.
Junta de la Calle Joan
Blanques de Dalt
El local de la calle Joan
Blanques se encuentra ubicado en la misma calle Joan Blanques. Es un local,
largo como un túnel, dividido en 3 áreas de trabajo. En esta
calle se trabaja con distintos materiales principalmente plástico,
papel y metal. La presidenta describía el área de trabajo
como una fábrica:“¡...en esta fábrica no se para nunca
y todo el material se transforma..!” .
La música era algo
importante durante la elaboración del adorno: Joan Manuel Serrat,
canta-autor catalán con el que se sentían plenamente identificados
estaba casi siempre en las bocinas de aparato de sonido. Quizás
lo que más distinguía su adorno de otras calles era la luz:
el uso de luces que hacía que resaltaran las figuras fabricadas.
Los detalles en sus adornos también era una característica
muy importante.
Participante de Junta de
Calle Verdi de dalt. 2001.
Mantener la tradición
de los adornos era la condición para su participación en
la fiesta. Tener un buen diseño de portada de su programa también
era importante y les había representado varios premios.
Investigadora:
¿Desde cuándo existe esta Junta?
Ricard: Pues me parece
que desde hace 20 años que estamos en la época moderna. Van
a ser 20 o 19 años que vamos hacer fiesta mayor ininterrumpidamente...
Investigadora: ¿Cuántas
personas son en la Junta de Joan Blanques?
Ricard: En la Junta
somos 8 personas creo, que somos los que más o menos trabajamos
todo el año. (Entrevista con vecino participante, diseñador
de ropa, de 50 años, fiel participante de la fiesta desde su infancia).
En esta Junta podíamos
encontrar personas la mayoría entre 40 y 60 años que trabajaban
en distintas actividades, algunos era camareros, secretarias, diseñadores,
la mayoría de ellas se pasaba al local después de realizar
su trabajo y asistía también los fines de semana para realizar
el adorno. Había también bomberos y electricistas pero ya
jubilados o personas como Elisa que tenían más de 80 años
que seguían participando sin faltar un solo día al local.
Estaban también las nuevas generaciones, hijas y nietas que acompañaban
a sus padres y abuelos en las labores de construcción del adorno.
Las personas de esta Junta consideraban que el número de hombres
y mujeres era similar, lo que se consideraba que faltaba era la participación
de gente joven en la Junta:
Investigadora:
¿Hay más mujeres?
Reis: Por
un igual, gente joven son lo que falta más porque tienen otras ideas
y tienen otras cosas en la cabeza para divertirse… sólo durante
la fiesta vienen y ayudan (Entrevista con vecina participante de 48 años,
secretaria y también participante desde su infancia).
En la Junta hay personas
que llevaban más de 20 años participando. Algunas de ellas
llegaron a la Junta desde muy jóvenes y formaban parte de este colectivo
desde entonces:
Gloria:...Cuando yo
entré en la Junta que fue durante el año 82... la gente joven
que entró en aquella época estábamos todos a una,
entonces nos apoyábamos, entramos bien en el grupo, ha sido una
continuidad porque yo desde entonces ya no he salido... (vecina participante
de 34 años, comerciante y ahora presidenta de la Junta de Joan Blanques).
Las personas que formaban
parte de las Juntas de calle habían relevado a sus familiares en
la estructura social de la Junta, es decir ahora ocupaban los cargos que
antes llevaban sus padres o abuelos. Por otra parte era interesante que
los participantes hicieran alusión a la metáfora de la familia
para explicar la proximidad de las relaciones sociales que habían
tejido a lo largo del tiempo que llevaba la Junta celebrando la fiesta
mayor.
Investigadora
¿Y esta tradición la han heredado por familias?
Vecino participante:
Si es curioso (reflexiona)… había un señor que era el presidente,
después se involucró también la hija, después
pasó al revés, se puso mi padre de presidente y ahora le
ha cogido mi hermana el relevo, cuando mi padre se murió... pero
bueno en la Junta somos una buena piña de amigos y un buen grupo
y puedes decir que todos somos una familia que es lo importante... (Ricard,
diseñador, 53 años).
Los participantes de esta
Junta estaban muy interesados en que se mantuviera un buen nivel de adorno
ya que era lo que distinguía a la Fiesta Mayor de Gracia de otras
fiestas populares. Para este colectivo su actividad debería tener
un efecto en el barrio, tener un efecto en lo colectivo más que
en lo personal:
Ricard: Si
hacemos una cosa es para que sea del barrio y de la fiesta y lo que no
queremos es hacer fiesta mayor, cobrar como todo el mundo y poner cuatro
papelitos...
Su financiamiento era similar
a las demás calles, aunque también explicaban que para mantener
el ritmo de un buen nivel de adorno y la renta del local era necesario
hacer aportaciones económicas personales.
Investigadora:
¿Cómo es el financiamiento?
Ricard: Por cuotas de socios,
las loterías, y bueno están las subvenciones del distrito,
y de las entidades básicamente y también las aportaciones
voluntarias. Pero por muchas loterías que hagas, y muchos socios
que tengas nunca tienes bastante y entonces los de la Junta hemos de sacar
mensualmente dinero de nuestro bolsillo para poder pagar el local...
Junta de la Calle Puigmartí
Elegí esta calle porque
desde hacía más de 40 años que participaba ininterrumpidamente
en la fiesta mayor, lo que la convertía en una de las calles de
mayor antigüedad. El local estaba ubicado en la misma calle Puigmartí.
En la entrada del local había una gran mesa larga donde se cortaba
todo el material de espuma principalmente. Al fondo del local había
otra mesa donde las personas elaboraban las piezas del adorno. Normalmente
trabajaban con la espuma, una especie de plástico poroso, con el
cual diseñaban casi todas sus figuras.
Durante varios meses asistí
los domingos por las mañanas para elaborar el adorno y fui bien
recibida por las personas de esta calle. Los participantes bromeaban mucho
durante sus conversaciones. Era la única calle que contaba con su
equipo de fútbol donde jugaban algunos integrantes de la Junta.
La calle Puigmartí en el año 2001 cumplió sus 40 años
de celebrar la fiesta ininterrumpidamente, sin embargo en años recientes
quedaban pocas personas que colaboraran en la construcción del adorno.
Los participantes de esta
calle tenían entre 30 y 60 años y participaban generalmente
igual número de hombres y mujeres. La mayoría llevaba más
de 10 años participando en la fiesta mayor, aunque algunos habían
descansado algunos años.
A través de las conversaciones
durante la investigación, me comentaron que participaba tanto gente
de Puigmartí como de otras calles e inclusive gente que vivió
en Gracia pero que después cambió de domicilio y aún
así continuaba asistiendo. A través de su participación
en la fiesta habían establecido entre ellos fuertes lazos sociales:
Investigadora:
¿Todos los participantes viven aquí, de esta calle?
Maite: No,
no, necesariamente tiene que ser de la calle, por ejemplo, Manel vive por
Virrey Amat, él vivía aquí antes, pero continúa
o como Jordi que se casó y ahora vive en Llibertat …
(Entrevista con vecina participante de 46 años, portera de un edificio,
participa desde su infancia)
También encontramos
en esta calle que la organización nuclear de la fiesta es familiar:
Maite: Todos
los que estamos aquí, somos de siempre, nos conocemos desde pequeños
y les cogimos el ritmo a nuestros padres, lo que pasa es que los que vienen
detrás, el ritmo no lo quieren coger...
El financiamiento no era
a partir de socios que pagaban una cuota sino a través de loterías
y de la barra del bar que se montaba durante la fiesta mayor:
Jordi:...Y
tenemos que vender la lotería porque no tenemos vecinos que paguen
cuota, porque hay calles que pues, pagan 500 pesetas o 6.000 y con este
dinero el socio tiene un privilegio por la fiesta mayor pues les dan un
tortel y una botella de cava o les rebajas la mitad de lo que vale la cena...
(Entrevista a vecino participante de 57 años, empleado de
fábrica, fiel participante de la fiesta desde su infancia).
Junta de la Calle Torres
El primer día que
asistí a este colectivo me mostraron su álbum de fotos y
sus programas. También me mostraron como elaboraban sus adornos,
el tiempo que dedicaban para ellos, su esfuerzo para organizar las comidas
y cenas vecinales aunque en general no sentían que su esfuerzo no
era valorado ni por los vecinos ni por los jueces del concurso de calles.
Afirmaban que después de la entrega de premios: -“acabamos
quemados, desilusionados y bueno, después nos recuperamos”-.
Las conversaciones que tuvimos
se centraban sobre todo en las problemáticas a las que se enfrentaban
y cómo las habían solventado. Sobretodo percibían
el envejecimiento de los vecinos de su calle y la falta de participación
de los jóvenes. Las veces que asistí al local normalmente
me encontraba con las mujeres que hacían el adorno y con ellas conversé
la mayor parte del tiempo. El tiempo de participar en la fiesta era variado
las personas más antiguas llevaban 13 años participando.
Algunas personas eran jubiladas, otras eran desempleadas, otras eran
maestros o bien se autodefinían como abuelas que se dedicaban a
cuidar de los nietos.
Las y los participantes siempre
habían vivido en la calle Torres por lo que tenían un gran
arraigo al barrio, su pasado, presente y futuro estaban vinculados a su
calle:
Investigadora:
¿Desde cuándo han vivido en esta calle?
Margarita: ¡Toda
la vida!.... somos de aquí ya hemos nacido aquí y si no pasa
nada moriremos aquí... (Entrevista a participante de 56 años,
prejubilada de Telefónica, participante en la fiesta desde su infancia).
Cuando estas personas decidieron
hacer la fiesta mayor a partir del año de 1989, ésta resultaba
ser un catalizador para la movilización de los vecinos por recuperar
sus tradiciones. Sin embargo con el paso del tiempo la participación
vecinal fue languideciendo y la participación principalmente fue
a través de grupos de familias:
Margarita:
Prácticamente somos los mismos que empezamos, estaba su padre que
se murió, que también le gustaba mucho la fiesta mayor, nos
hemos quedado los que realmente nos gusta la fiesta mayor...
Investigadora:
Cuando empezaron ¿cuántos vecinos eran en la Junta?
Margarita:
Éramos muchos, igual de socios que de participantes en ayudar y
trabajar, pero la gente se cansa, se muere, era la novedad pues hacía
muchísimos años que no se había hecho (fiesta) y la
gente joven no lo conocía y ahora la gente joven ya lo conoce y
trabajar no les gusta...
Expresaban como a través
del juego, ellas se fueron apropiando del espacio urbano, la calle se volvió
suya desde niñas. Este hecho contrastaba con los nuevos vecinos
para quienes la fiesta y la calle eran ajenas y distantes:
Investigadora:
¿Y cómo era la relación con los vecinos?
Margarita: Aquí
siempre hemos estado bien con los vecinos, era una calle muy familiar,
lo que pasa es que ahora, ha muerto mucha gente, no sé, es de otra
manera, porque hay mucha gente nueva; nosotras habíamos jugado en
la calle toda la vida, éramos callejeras de toda la vida...
Investigadora:
¿Y se han probado formas de contactar con los nuevos vecinos?
Margarita: Mira, hemos
probado todo, ten en cuenta que cuando hacemos la reunión de vecinos
para que bajen solamente viene un señor que tiene 91 años
que hacía fiesta mayor cuando nosotras éramos pequeñas
con mi padre, es el único que viene a la reunión, ponemos
letreros casa por casa...
Su financiamiento principal
era a partir de lo que vendían en el bar de la fiesta mayor. Me
comentaban que la gente ya no cooperaba, que hacían rifas pero ya
nadie les compraba nada, por eso dependían del bar y de ahí
salían los gastos.
Junta de la Calle Verdi
de Dalt
Esta calle llevaba más
de 20 años participando en la fiesta mayor. Sus adornos habían
variado desde sus inicios hasta ahora:
Investigadora:
¿Desde cuándo existe la Junta de Verdi de Dalt?
Josep: Nosotros estamos
organizados desde el año 1979 aunque ya se organizaban desde la
década de los 40. En 1979 se creó la asociación pero
la primera parece que fue por 1924 o 1927... la primera fiesta mayor de
la Junta del 79 fue una fiesta mayor muy modesta, muy poco elaborada en
comparación de lo que se hace hoy… (Entrevista a vecino participante,
periodista de 48 años, presidente de la Junta de calle de
Verdi de dalt).
La conformación
de la Junta de esta calle en sus inicios era distinta a la de la
actualidad. Las relaciones entre los géneros eran distintas y esto
definía quiénes participaban y cómo lo hacían.
Mucho del trabajo en esta calle estaba sostenido por las mujeres como reconocía
el presidente de la Junta:
Josep: La
Junta estaba conformada por diferentes personas, todos eran hombres y había
gente entre 20 y 50 años. Estamos hablando de 20 años atrás...en
principio sólo había hombres, después si entraba alguna
mujer era como secretaria pero siempre como una cosa muy rara… En 1993
las mujeres se meten mucho en la Junta y generalmente son las que dan el
peso en muchas cosas de la calle... (antes) las mujeres eran consideradas
como ayudantes o para que hicieran la cena o la merienda infantil pero
en todas las cosas de decisión las mujeres no participaban…
Asistí a su local
todos los domingos por las tardes para conocer e interactuar con los y
las participantes. Así pude notar que la estrecha convivencia en
este colectivo eran muestra de los muchos años que habían
pasado juntos en la organización y celebración de la fiesta
mayor. Contaban con varios espacios para elaborar sus adornos entre ellos
un solar y una casa vacía que habían reorganizado como una
pequeña fábrica donde las actividades para elaborar el adorno
podían realizarse por separado. También contaban con herramientas
de todo tipo desde las más sencillas hasta algunas muy sofisticadas.
La división laboral
en este colectivo era a partir del género y la edad aunque las decisiones
se tomaban entre todos. Las mujeres hacían las actividades más
minuciosas como coser, hacer los detalles del adorno, cortar telas,
papel, etc. y los hombres hacían actividades de carpintería,
electricidad, lavar botellas, diseño de adorno, colgar cables, subirse
a los andamios, etc.
También les interesaba
mantener un buen nivel de adorno y no estaban de acuerdo con que se colaran
4 papelitos para la fiesta mayor. Su programa a diferencia de otras calles
estaba considerado como un elemento de comunicación por lo tanto
debería incluir algo más que la programación de actos
y anuncios. En sus programas podíamos encontrar artículos
donde se narraban eventos históricos, arquitectónicos, etc.
de la Villa de Gracia.
La convivencia intergeneracional
era algo que se podía destacar en esta calle aunque la ausencia
de gente joven entre 20 a 30 años también era notoria.
Josep: Los
jóvenes… lo que pasa es que cuando la gente es joven pues se van
y necesitan otras historias, necesitan este cambio y luego vuelven.
Se podían encontrar
varias generaciones participando en la elaboración del adorno: abuelas,
hijos e hijas y nietos. Personas con diferentes ocupaciones: ceramista,
administradores, canguros, ebanista, periodista, costureras y auxiliares
de modistas, jubilados del teatro y de la policía.
Contaban con una Junta de
adultos y una Junta joven donde se reconocía el trabajo de los niños
y niñas. En este colectivo se observaba una importante participación
por familias pero no únicamente, como lo afirmaba su presidente:
Josep: Hay
de todo un poco hemos tenido gente con la familia, gente sin familia no
hay una cosa estándar sino una cosa variada totalmente…
Lograr un buen adorno no
sólo dependía de un gran creador sino de una amplia colaboración
de personas dispuestas a participar:
Josep:...
las cosas se han hecho a partir de gente pequeña normal, han sido
las manos que han montado las grandes cosas...no es que haya grandes creadores...sin
gente para ayudar evidentemente no se hace nada... (Josep, 49 años,
periodista).
Adorno de la calle
Apagando la luz del local
festivo
Hasta aquí llega la
descripción de los colectivos festivos y la vida social que se desarrolla
en sus locales. Hasta aquí llegamos y vamos a apagar las luces de
los locales para descansar esta noche y reiniciar la construcción
de los adornos mañana: ese nuevo día que nos espera hasta
el día 15 de agosto, día de la Festa Major de Gràcia.
Al inicio de este artículo
mencioné que en la fiesta se adornaban una veintena de calles y
plazas por lo que sería imposible en este espacio describir cada
uno de los colectivos y sus locales. He abierto las puertas de algunos
locales al lector para que usted tenga una imagen e idea de cómo
se construye, organiza y mantiene esta fiesta urbana. Las Juntas de calle
que describí, no podemos considerarlas como representativas, por
que en realidad la variedad y diversidad de colectivos es muy amplia y
caeríamos en un reduccionismo de la realidad de los colectivos festivos.
El valor de describir estas Juntas de calle, radica en que llevan muchos
años participando, luchando por mantener esta entrañable
tradición festiva, creada en su momento por una sociedad rural catalana
y ahora recreada en medio de la urbanidad que rodea a cada calle, en una
ciudad de vanguardia artística y turística como Barcelona;
donde los poderes económicos y políticos buscan explotarla
y promover el turismo como forma de identidad urbana y estilo de vida.
A las fiestas urbanas y populares,
el público generalmente la disfruta en las calles y los días
que éstas duren. Sin embargo es importante recordar que las fiestas
populares se sostienen por personas y ciudadanos concretos, en espacios
a los que pocas veces tenemos acceso. Cuando asistimos a estas festividades
generalmente no sabemos como se producen, sus dificultades, sus cotidianeidades,
y sobre todo sabemos muy poco sobre la gente que las hace posibles: ciudadanos
y ciudadanas que día a día contribuyen a que su barrio, pueblo
o ciudad sea más habitable, más comunitaria, más humana
y más alegre. Estas son las responsabilidades que cada participante
y cada colectivo de la Fiesta Mayor de Gracia lleva sobre sus espaldas.
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