Leyendo
una de las Epístolas Eróticas de Flavio Filostrato, el conocido
autor de las Vidas de los Sofistas hallé una frase: El
hombre no es humano por su mera condición, sino por la capacidad
que tiene de evolucionar, de transformar su entorno, de vivir transgrediendo
la posibilidad de la muerte. La frase parece acuñada ayer,
pero no por el filósofo sino por los Trabajadores Sociales que estamos
formando, por ello me llamó la atención. El Trabajador Social
debe ser ese agente de cambio que humanice al hombre, que lo saque de esa
enajenación que tan bien describió Marx, que le aconseje
pautas para un mejor desarrollo de sus capacidades, que le enseñe
a convivir con sus semejantes.
Volviendo
a Filostrato, él ya hace mención en sus Epístolas
al peligro que significa para el hombre un uso inadecuado de su cuerpo,
aludiendo a las orgías y bacanales con todo lo que implicaban, y
particularmente a las Infecciones de Trasmisión Sexual (ITS). Por
supuesto que no las llamó por ese nombre, pero la simple mención
nos hace pensar que el hombre siempre las conoció, quizás
como simples enfermedades del cuerpo y no asociándolas al sexo como
tiempo después. Estas han sido un azote para la humanidad por los
siglos de los siglos. Hay referencias a estas en la Biblia; el emperador
Tiberio las padeció en sus últimos tiempos de vida; el rey
judío Herodes El Grande tenía una enfermedad de la que
“nunca le conocí otro nombre que el Mal de Herodes (...). Los síntomas
eran hambre canina seguida de vómitos, putrescencia estomacal, aliento
cadavérico, aparición de gusanos en las partes pudendas y
un constante flujo acuoso intestinal” (Graves, Robert, 1980, Pág.,
78). Y así, gentiles y cristianos, ateos y paganos sufrían
del mismo mal, que se creyó al principio reservado para heteras,
meretrices y sus frecuentadores, sin saber que el mismo mal estaba en la
base de una sociedad dividida donde el hombre era el lobo para el hombre.
Así las ITS han acompañado al hombre durante la conquista
de Roma por los bárbaros, en la Revolución Francesa, con
los soldados de Napoleón abandonando Moscú, con la Revolución
Socialista de Octubre, en la 2da Guerra Mundial y así llegan los
60 con la liberación sexual y Yoko haciendo el sexo con Lennon en
un parque, los hippies gritando amor y no guerra. “La década de
los 70 marca un momento nuevo en relación con las enfermedades ligadas
al sexo, de forma que se produce un vuelco en el clásico concepto
de enfermedades venéreas, al de enfermedades de transmisión
sexual (ETS), luego a las Infecciones de Trasmisión Sexual
(ITS) (el subrayado es nuestro ); dado por un incremento en cierto
tipo de prácticas sexuales que ocasionó la variedad de agentes
etiológicos anteriormente no implicados en ellas” (Piédrola
Gil G,1988, Pág.567)
Las
ITS “están muy relacionadas con el comportamiento humano y
vale la pena subrayar el carácter mundial de este fenómeno,
que si bien su magnitud exacta no es conocida, es palpable un ascenso del
que sólo aflora una pequeña parte que revela que existen
otros problemas de índole social donde la voluntad de los hombres
juega un rol fundamental” (Genuis SJ. Pág.
556). (el subrayado es nuestro )
Estadísticamente
se ha comprobado que en nuestro país pese al esfuerzo mancomunado
de los medios de difusión masiva, las instituciones educativas y
de la salud, así como de las organizaciones de masas, las ITS van
en aumento. Santiago de Cuba no es precisamente la provincia que menos
aporta a estos tristes datos: precisamente en el comportamiento de la referida
problemática en esa ciudad centraremos nuestra atención.
Como decía anteriormente, resulta contradictorio que a pesar de
las campañas contra las ITS y de la mayor disponibilidad de recursos
en juego, el número de infectados y de los integrantes de los grupos
de riesgo de ITS* sigue en aumento. El objetivo principal que nos proponemos
en este trabajo son algunas consideraciones metodológicas que llevarían
a una intervención más efectiva en dichos grupos, considerándolos
el primer escalón al que se dirigen las acciones de transformación
de la Comunidad. Cuando proponemos estas consideraciones metodológicas
nos centramos en el accionar del grupo, en su situación dentro de
la estructura de la comunidad, en el rol que deben jugar sus miembros en
ámbito.
Como
se ha dicho, el Trabajo Social ubica su acción profesional en el
ámbito de la Política Social; una de las tareas fundamentales
que el Estado ha definido para el Trabajador Social es la de conocer las
necesidades de la población, como punto de partida de las estrategias
de intervención. En el caso particular que nos ocupa nos preguntamos:
¿Cuáles han sido los factores que han condicionado el estado
de cosas actual?, ¿Qué mecanismos de control y prevención
social han fallado?, ¿Cómo rebasar la situación?.
Evidentemente la respuesta a tan sólo alguna de estas interrogantes
sería tarea de una tesis de grado, por lo que intentaremos hacer
un bosquejo del estado de la problemática en Santiago de Cuba
y ofrecer pautas para las futuras investigaciones sobre el tema.
Hemos estructurado este trabajo en torno a tres tópicos. A
saber:
Las
ITS en el Mundo. Su situación actual en Santiago de Cuba: Donde
comentamos la situación actual de las ITS en el mundo y en Santiago
de Cuba, comprobando estadísticamente que estas aumentan en número.
Sostenemos la tesis de que en su mayor parte las posibles causas de este
aumento se deben a factores sociales, y que en la comunidad es donde se
debe hacer el mayor trabajo preventivo.
Una
perspectiva teórica del Trabajo Social en la comunidad: Donde fundamentamos
aquellos elementos teóricos que nos parecen importantes para una
cabal comprensión de la labor desempeñada por el Trabajador
Social en la comunidad.
Propuesta
de una Metodología de Intervención en los grupos de riesgo.
Partiendo de la tesis de que el principal accionar del Trabajador Social
en su intervención debe estar orientado a los grupos de riesgo por
ser los primeros y más afectados por las ITS proponemos estas pautas
de acción.
Hemos
utilizado como método la etnometodología y como técnicas
de recogida de información la entrevista a profundidad, la
entrevista informal y el análisis de contenido
Esperamos que la investigación
sea de interés y ayuda a los trabajadores sociales, sociólogos,
psicólogos y demás especialistas que centren su atención
en este fenómeno.
Las
ITS en el Mundo. Su situación actual en Santiago de Cuba
Situación mundial
El descenso experimentado
en la tasa de mortalidad global de la mayoría de los
países industrializados durante la primera
mitad del Siglo XX se puede atribuir en gran parte a la mejoría
en la prevención y el tratamiento de las enfermedades infecciosas,
sin embargo las Infecciones de Trasmisión Sexual (ITS) continúan
siendo un problema de salud importante, tanto en las regiones desarrolladas
como en las subdesarrolladas.
En
cualquier caso, la aparición de la epidemia del Virus
de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) ha producido un drástico cambio
en esta tendencia, siendo ya la primera causa de muerte en la población
joven de la mayoría de los países industrializados. La infección
por VIH, al existir en todos los países del mundo, constituye una
pandemia, que a pesar de tender a establecerse en determinadas zonas geográficas,
se considera una importante enfermedad emergente en muchas regiones.
La
Organización Mundial de la Salud (OMS) ha estimado que en el mundo
aparecen anualmente 340 millones de casos nuevos de ITS, solamente entre
Sífilis, Gonorrea, Infecciones por Clamidias y Trichomoniasis, correspondiendo
a América Latina y el Caribe unos 38 millones del total.
Con
el surgimiento en 1986 de la infección por el Virus de la Inmunodeficiencia
Humana (VIH) y la enfermedad VIH/SIDA, se acentúa la
tendencia ascendente de las infecciones que son trasmitidas a través
de las relaciones sexuales desprotegidas. entre
otras vías.
Al
cierre de 1999 la Organización Mundial de Naciones Unidas para la
lucha contra el SIDA (ONUSIDA) estimó:
-
34,3 millones fallecidos
desde el inicio de la epidemia.
-
11,2 millones de niños
huérfanos (el mayor número corresponde a África).
-
En el Caribe Latino, el
país más afectado, Haití, el 12% de la población
urbana y el 5% de la rural está afectada por el VIH y tiene 190000
niños huérfanos por esta causa.
-
El continente de África
Subsahariana es el de mayor número de personas infectadas: 24, 5
millones de casos.
Los
factores causantes y las tendencias de la epidemia en el mundo son heterogéneos,
lo que hace más difícil la labor preventiva. He aquí
algunos de los más generalizados:
-
Obstáculos sociales
y culturales en la prevención y atención de la enfermedad.
-
Se observa un cambio hacia
las poblaciones más jóvenes(los casos de SIDA tienden a ser
menores de 30 años).
-
Prevalencia del aumento
de las ITS, incluyendo al SIDA, en poblaciones marginales.
-
Vulnerabilidad biológica,
social y económica de las mujeres.
-
Número cada vez
mayor de casos de trasmisión vertical.
La
situación en Cuba
La
situación en Cuba es un poco más halagüeña, a
pesar de que en los últimos años se observa una tendencia
ascendente en el comportamiento de la enfermedad. Una política de
salud bien encaminada, con una red de Médicos de familia,
policlínicos y hospitales, ha hecho que el impacto de las ITS sea
menor en nuestro país. No obstante las estadísticas demuestran
un pequeño, pero seguido ascenso del número de casos.
Hasta
el 9 de mayo del 2001 se habían detectado 223 nuevas personas seropositivas
al VIH contra 58 en igual periodo del 2000 (+ 63 casos). Las provincias
que incrementan este año son C. Habana (+32), Granma y Holguín
(+9 casos cada uno). De los casos masculinos de este año todos son
hombres que tienen sexo con otros hombres (HSH).
La
incidencia acumulada desde 1986 hasta el 9/5/01 es de 3454 seropositivos
detectados, de ellos 1251 han adquirido la enfermedad (casos SIDA), 881
fallecieron. De los masculinos el 81,8% son HSH y del total, 45,2 % mantenía
una conducta inadecuada en el momento del diagnóstico1.
El
año 2001 terminó con 98 seropositivos más que el año
anterior, lo que significa un crecimiento de un 17, 9%, todas las provincias
incrementan excepto La Habana, Matanzas, Villa Clara y Camaguey. Ciudad
de la Habana sigue reportando más del 50% de los casos del país
( 55,8%). Entre las provincias de mayor porcentaje están Ciudad
Habana, Sancti Spiritus, Ciego de Avila, Holguín, Granma y Santiago
de Cuba
En
el presente año hasta la semana estadística 5; o sea, hasta
el 2/2/ 2002, se habían detectado en el país 38 casos nuevos
contra 43 en igual periodo del 2001.
En
resumen, desde 1986 hasta 2/2/02 en el país se han detectado, 3912
personas seropositivas al Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), 1550
han desarrollado la enfermedad (SIDA) y 976 han fallecido. Viviendo con
el VIH en el país se encuentran 2887 personas.
Santiago
de Cuba: un caso particular.
En
Santiago de Cuba, hasta el 25 de mayo del 2001, sólo se habían
confirmado 2 casos contra 5 en igual periodo del año 2000, ambos
corresponden al municipio Santiago., Con ellos la incidencia acumulada
de personas detectadas seropositivas al VIH alcanza la cifra de 100 desde
1986, de ellas 35 han adquirido la enfermedad (casos SIDA) y 23 han fallecido
(2 de ellos por otras causas), el 53% son homo-bisexuales.
Al
cierre del año 2001 se confirmaron 23 casos nuevos contra 12 del
año 2000, para un 91,6% de incremento. Los casos corresponden a
los municipios Santiago de Cuba (15), San Luis (2), Songo la Maya (2),
Palma Soriano (1) y Contramaestre (3). El diagnóstico arrojó
un predominio de casos de entre los 20 y 30 años de edad y del sexo
masculino (14); el 85% de ellos son HSH, aunque este año hubo
un incremento en el sexo femenino, con 9 de los 23 casos contra 4 en el
año anterior.
En
lo que ha transcurrido de este año se han diagnosticado 5 casos
nuevos de seropositivos al VIH, contra 0 en igual periodo del 2001. Del
total 3 son del sexo femenino y 2 del masculino (1 es HSH). La edad se
comporta de la siguiente manera en el grupo: 1 es menor de 20 años,
1 mayor de 30 y los demás de entre 20 y 30 años.
El
total de personas detectadas seropositivas al VIH en la provincia desde
inicios de la epidemia, alcanza la cifra de 124, de los cuales 42 han desarrollado
la enfermedad (casos SIDA), 25 han fallecido (23 por SIDA y 2 por otras
causas) y 18 son casos de SIDA actuales.
Contamos
en la provincia con un total de 99 personas viviendo con el VIH (PVVIH).
Es importante hacer notar que un porciento bastante grande de las personas
diagnosticadas había tenido una conducta social inadecuada al momento
del diagnóstico, principalmente por sus antecedentes de reclusión,
prostitución, desocupación; entre ellos se cuentan algunos
frikis.
Estas
estadísticas muestran la grave situación del SIDA/VIH en
el país y la provincia. Esta situación es la misma respecto
a las demás ITS, por lo que no colocamos los datos de las demás
y su incidencia en la población, creyendo bastante ilustrativos
los ya expuestos.
Realizamos
una entrevista a la Doctora Kenia Fernández Mora, especialista en
Medicina General Integral y miembro del Equipo Técnico de Prevención
de ITS, VIH/SIDA en Santiago de Cuba. De esta entrevista salieron a relucir
que las principales dificultades a que nos enfrentamos en la prevención
de las ITS son:
Una débil participación
intersectorial en el desarrollo y fortalecimiento del componente Educativo
del Programa de ITS/VIH/SIDA.
Insuficiente mercadeo
de preservativos; o sea, no se venden condones en instalaciones turísticas
y es escasa la venta y divulgación en la red comercial. Ella afirma
que este problema ya está siendo enfrentado.
Débil trabajo con
grupos de riesgo en las comunidades, principalmente con HSH.
Deficiencias estructurales
y materiales en la Atención Sanatorial.
Aunque se ha avanzado,
los conocimientos sobre las ITS/VIH/SIDA son aún insuficientes,
tanto en la población como en el personal que hace el trabajo de
prevención.
Baja percepción
del riesgo de adquirir una infección por el VIH/SIDA.
Comportamiento sexual
de riesgo frecuente en las personas jóvenes.
Se mantiene la práctica
de entablar relaciones ocasionales al margen de la pareja estable: el 34%
de la población de Santiago de Cuba entre 15 y 49 años (3
parejas, los hombres y 2, las mujeres, como promedio).
Más bisexualidad
que homosexualidad en la provincia.
Sólo un porciento
muy pequeño de la población sexualmente activa usa preservativos
con parejas ocasionales.
Poca aceptación
social de las Personas que Viven con VIH (PVVIH).
Según
opinaba la doctora, el trabajador social sería capaz de llegar a
donde los medios de difusión masiva y las instituciones de salud
y educación evidentemente no han llegado. Él podría
trabajar donde los demás han fallado.
En
las estrategias de prevención social ha estado fallando el mensaje,
evidentemente éste no ha llegado a, o no ha surtido el efecto esperado
en ciertos sectores de la población. Además, el peso de factores
sociológicos, sicológicos y económicos es de veras
importante. El abrupto crecimiento del turismo internacional, así
como la despenalización de la divisa libremente convertible en el
contexto de la crisis económica que experimenta el país,
que a la vez ha estado acompañada del debilitamiento de ciertos
valores, han influido negativamente en el comportamiento de las ITS.
Al parecer, esos factores están teniendo más fuerza
que las políticas sociales. Es hora de invertir la balanza.
Estoy
de acuerdo con la opinión de Basso J. cuando afirma que “los
adultos jóvenes son un grupo vulnerable a estas enfermedades, pues
en la adolescencia y luego en la juventud se forman nuevos patrones de
conducta que pueden durar toda la vida; de ahí que el nivel de educación
sexual en nuestras comunidades será un soporte a la salud sexual,
considerada como la integración de los elementos somáticos,
emocionales, sociales e intelectuales del ser sexual por medios que sean
positivamente enriquecedores y potencien la personalidad, la comunicación
y el amor” (Serra M, Vidal J, Basso J, Cerrati E, Meré
JJ, Osimani ML, 1196, Pág. 24). Puede inferirse que los métodos
utilizados actualmente en la prevención de las ITS no son efectivos,
quizás por limitarse sólo a proveer información profesional
por técnicas tradicionales. Hoy se hace necesario ensayar proyectos
alternativos que se funden en nuevos enfoques, capaces de motivar a los
sujetos a elevar su cultura de la salud sexual.
La
doctora antes referida asegura que el Trabajador Social debe tener su principal
campo de acción en los grupos de riesgo, pues estos generalmente
son el epicentro en las comunidades, y extender su trabajo preventivo a
toda la comunidad teniendo como agentes de cambio a esos mismos integrantes
del grupo que él había ayudado a transformar. Añade
que el Trabajador Social puede ayudar a crear una cultura de la sexualidad
en la población y capacitar a los miembros de la familia para una
vida sexual más plena, libre de los prejuicios y tabúes propios
de nuestra idiosincrasia; o sea, atenuar o eliminar los factores sociales
negativos que inciden más en las ITS. Al respecto señala
Nogeljerje, N.J.: “Al intentar conformar aquellos factores que pudieran
afectar la salud sexual de los individuos de una comunidad fue notorio
cómo estuvo remarcada la influencia de una convivencia familiar
negativa, de forma que donde faltó la figura materna o paterna hubo
un riesgo 4,1 veces mayor de padecer una ITS, que en los hogares estables.
El peligro potencial de adquirir una ITS se ve favorecido en muchas ocasiones
por elementos que involucran a la familia, crianza por otros familiares,
orfandad, etc. La falta de estabilidad familiar podría generar la
inestabilidad en las relaciones sexuales, lo que a su vez debe ser una
de las causas del disparo de las ITS” ( Nogeljerje
NJ, 1996, Pág. 226). El subrayado es nuestro
En
la ofensiva contra las ITS el trabajador social desempeñará
un papel relevante en el futuro, allí donde los demás han
fallado él tendrá mayores posibilidades de vencer gracias
a la preparación recibida durante su adiestramiento en la Escuela
Formadora de Trabajadores Sociales y por la posibilidad de interaccionar
más activamente con las personas de la comunidad.
Una
perspectiva teórica del Trabajo Social en la Comunidad
Una
perspectiva teórica del Trabajo Social en la Comunidad nos permite
conocer el fenómeno desde dentro, trabajar conociendo sus verdaderas
causas. Creemos que la teoría nos ofrece una explicación
más fidedigna del accionar de los actores en la comunidad, así
como nos ayuda a pautar la transformación que el trabajador social
como agente de cambio quiere lograr en la comunidad.
Parsons
señala la existencia de un sistema social en el que los individuos
actúan con referencia unos a otros, compartiendo tipos de valor
y de modos prácticos y apropiados de conducta, lo que hace que las
normas ordenen sus acciones. Parsons es un buscador del orden extremo.
Es interesante el papel que otorga a la cultura en su sistema y la importancia
de los símbolos. El trabajador social debe conocer esos códigos,
de ello dependen sus posibilidades de penetrar la realidad social, de comprender
la dinámica propia de cualquiera de sus ámbitos y de concebir
estrategias de transformación social efectivas y eficaces. El trabajador
social deberá entablar relaciones empáticas con los miembros
de la comunidad, por tanto debe aprehender los valores, costumbres y símbolos
que caracterizan la cultura y la idiosincrasia de los habitantes comunitarios.
Dice Parsons que “un elemento de un sistema simbólico compartido
que sirve como criterio normativo para la elección entre las alternativas
de orientación que están intrínsecamente abiertas
en una situación, puede llamarse valor (...) Pero desde este aspecto
de la orientación motivacional de la totalidad de la acción
es necesario, en vista del papel de los sistemas simbólicos, distinguir
un aspecto de “orientación-valor”” (Parsons,
Talcott ,1951, Pág. 12). Evidentemente el trabajador social debe
facilitarle al actor la adopción de este aspecto de “orientación-valor”,
para que de alguna forma incluya en sus normas la necesidad del cambio
en la comunidad; para que éste sienta la necesidad de todos como
suya. En este sentido la norma rige sus acciones futuras. Entonces la normatividad
de la conducta de los sujetos hace posible el equilibrio social; así
su actuación conjunta permite enfrentar las situaciones problémicas*
que afectan la comunidad. O sea, que actuando de acuerdo con las normas
ellos tienden a comportarse de modo análogo para bien de la comunidad.
El
trabajador social debe apoyarse en las instituciones, ya que éstas
pautan el accionar del hombre en la sociedad y juegan un papel importante
en su socialización y control, las dos formas principales de conservar
el equilibrio social.
Puede
considerarse que el estructural-funcionalismo ante el estudio detallado
que hace de las instituciones, la importancia que le confiere a la cultura,
aporta elementos que nos hacen tenerlo en cuenta como una teoría
válida para la concepción de la misión del trabajador
social en la Comunidad.
El
concepto de agente social que maneja Giddens puede ser aplicado al trabajador
social con todos sus atributos. Veamos. Giddens examina una gama de teorías
que parten bien del actor/individuo ( por ejemplo, el interaccionismo-simbólico),
bien de la sociedad o estructura (por ejemplo, el estructural-funcionalismo)
y rechaza, como nosotros, ambas alternativas extremas afirmando: “de acuerdo
con la teoría de la estructuración, el dominio básico
del estudio de las ciencias sociales no es ni la experiencia del actor
individual, ni la existencia de cualquier forma de totalidad social, sino
las prácticas sociales ordenadas a partir del tiempo y en el espacio”
(Ritzer, George,1993, Pág. 19). ¿Y qué entendemos
por tales prácticas sociales si miramos desde el punto de vista
del trabajador social?. Pues que es posible transformar la realidad social,
modificar la cultura, la tradición, los patrones que rigen la conducta
de los sujetos, cambiar sus estereotipos y costumbres. Y esa idea constituiría
el sustento de una metodología y de una estrategia para la intervención
en todos los niveles y dimensiones de la comunidad, encaminadas a la solución
de los posibles problemas con el apoyo de las instituciones. Evidentemente
la teoría de la estructuración de Giddens se enfoca hacia
la práctica.
En
el centro de la teoría de la estructuración hallamos una
teoría de la relación entre acción y la estructura.
Según Berstein “en el núcleo de la teoría de la estructuración”
está “el propósito de iluminar la dualidad de la acción
y la estructura y su interacción dialéctica” (Ritzer,
George, 1993, Pág. 64). Así, acción y estructura no
pueden concebirse por separado, constituyen una dualidad. Por tanto toda
acción social refiere una estructura y toda estructura implica una
acción de los sujetos. Acción y estructura están en
toda actividad o práctica humana. Ahora bien, cuando esta acción
se encamina a transformar la realidad del hombre, también transforma
la estructura del ámbito donde se dan las problemáticas de
los individuos. Frente a la problematicidad de su realidad, el hombre tiene
tres alternativas: racionalizarla sin actuar en ella; evadir el problema,
o enfrentarlo en forma directa. Para el trabajo social los problemas sociales
se presentan en términos de compromiso o complicidad.
Las
prácticas humanas, su cotidianidad, son el punto desde el cual Giddens
comienza su análisis. Él comenta que las actividades no son
“creadas por los actores sociales, sino continuamente recreadas por ellos
a través de los diversos medios por los que se expresan a sí
mismos como actores. Por medio de sus actividades los agentes producen
condiciones que hacen posibles esas actividades (Ritzer, George, 1993,
Pág. 56) (el subrayado es nuestro). Así, no es la conciencia
la que produce las actividades a través de la construcción
social de la realidad, ni es la estructura social quien las crea. En su
rol de actores sociales las personas se implican en la práctica,
y mediante esa práctica se producen la conciencia y la estructura.
Con su conciencia o reflexividad el actor humano no sólo es consciente
de sus problemas, sino que se implica también en el control de éstos,
en sus actividades y las condiciones estructurales. Un ejemplo de esto
lo hallamos en la situación problema*, que es una situación
que actúa como obstáculo a la realización de los hombres,
obstáculo que, no debe ser tomado como barrera insuperable.
Para
rebasar las situaciones críticas que se les presentan en la vida,
los hombres deben conocerlas y comprenderlas; el conocimiento y la comprensión
de la compleja trama de los factores asociados a la ocurrencia de los fenómenos
sociales es el punto de partida de la concepción de todo proyecto
transformador.
Se
podría pensar que la situación problema no está implicada
en la estructura social. Los hechos o fenómenos sociales reales
y concretos tienen causas, que como variables se relacionan formando estructuras.
Y esas variables constituyen un sistema de relaciones internas y externas,
de fuerzas y contrafuerzas que operan en la situación problema.
Sin una visión holística de ese entramado de condicionamientos
resulta imposible el conocimiento riguroso de la realidad social y, por
tanto, la idea de su transformación no sería sustentable,
mucho menos podría llevarse a hecho.
De
acuerdo con la percepción que se tenga de la situación problema,
las personas la definen como una orientación valorativa, ya en su
justa relevancia (conciencia crítica), ya deformada por obstáculos
intelectuales, emocionales o normativos (conciencia ingenua, mágica
o fantástica). En términos generales puede afirmarse que
la preocupación principal de Giddens es el proceso dialéctico
mediante el que se producen la práctica (intervención comunitaria),
la estructura (variables que se interrelacionan) y la conciencia (situación
problema).
No
sólo son reflexivos los actores de la comunidad, lo son también
los trabajadores sociales que transforman su realidad. Sin la debida comunicación
entre el trabajador social y los actores de la comunidad es imposible conocer
y transformar las situaciones; es preciso que las partes hablen un lenguaje
común. El trabajador social debe conocer los códigos
y las prácticas de los grupos sociales, y desde ellos comprender
su mundo para poder actuar sobre él, con el objetivo de transformar
las situaciones que le afectan.
Opina
Giddens que los actores tiene la capacidad de la racionalización,
o sea, de desarrollo de rutinas que les capacitan para manejar eficazmente
la vida social. Los actores también tienen motivaciones para actuar,
y estas motivaciones implican deseos que impulsan la acción. El
trabajador social debe conocer esto y motivar al actor a actuar y, valga
la redundancia, a no ser un simple espectador del proceso de transformación
comunitario. Es apropiado considerar que las motivaciones son potenciales
para la acción. Las motivaciones proporcionan planes generales para
la acción, pero desde el punto de vista de Giddens, la mayor parte
de nuestra acción no está motivada. En este punto discrepamos
de Giddens. Efectivamente, la motivación no lo determina todo, pero
sí gran parte de nuestra acción es motivada, buscamos un
máximo de gratificación en cada una de nuestras acciones.
El actor social está motivado por la posible solución de
una de sus necesidades primarias, en el caso particular que tratamos es
la disminución de la alta incidencia que tienen las ITS en la comunidad,
por lo que él se esforzará en brindarle todo su apoyo al
trabajador social (entiéndase propaganda, ayuda material, etc).
Y ya podemos hablar de la conciencia práctica. Giddens hace una
diferenciación entre conciencia discursiva y conciencia práctica.
La primera implica la capacidad de expresar lo que hacemos con palabras.
La conciencia práctica implica lo que hacen los actores, su potencialidad
de hacer lo que dicen con palabras. Consideramos que esta es más
importante, ya que en la objetividad del cambio se jerarquiza a un nivel
primario lo que se hace. Teniendo clara la importancia de la conciencia
práctica, podemos comprender que la teoría de la estructuración
se desliza desde los agentes a la acción, a las cosas que los agentes
de cambio (trabajadores sociales) hacen realmente. Afirma Giddens que “la
capacidad de acción sugiere la existencia de eventos perpetrados
por un individuo (...). Lo que ocurrió no hubiera ocurrido sin la
intervención de este individuo. Así se concede una enorme
importancia a la capacidad de acción” (Giddens cit. Ritzer,
George, Op. Cit. Pág. 123), capacidad que debe poner a prueba el
trabajador social en el cumplimiento de la misión que le ha sido
asignada como agente de cambio. El trabajador social deja de ser un ‘agente’
-en términos de Giddens- si pierde la capacidad de introducir cambios.
Para el autor esta capacidad es más importante que la subjetividad,
porque la acción implica poder, actitud para cambiar la situación
problema, implica un status y un rol importantes en la comunidad, el de
trabajador social.
Aunque
no negamos el hecho de que las estructuras limitan la acción, compartimos
la opinión de Giddens de que se ha exagerado un poco al respecto.
Las estructuras permiten al agente efectuar acciones que serían
imposibles sin ellas. Afirma Giddens que “la estructura
solo existe en y mediante las actividades de los agentes humanos (...)
tal y como yo uso el concepto, la estructura es la que moldea y da forma
a la vida social” (Ibidem).
No
podemos terminar esta disquisición sin subrayar que el trabajador
social debe ser un promotor del cambio, pero teniendo siempre presente
que la constitución del agente social y de las estructuras no es
independiente una de otra; las estructuras son el producto de las prácticas
de los actores y éstas a su vez se organizan en la estructura.
Consideraciones
metodológicas para la intervención en grupos de riesgo de
ITS.
Pero nosotros, como científicos
sociales, no podemos suponer
que estamos
tratando con objetos tan altamente manipulables.
C.Wrigt Mills
El
Trabajo Social es la disciplina que se ocupa de conocer las causas y efectos
de los problemas sociales y de lograr que los hombres asuman una acción
transformadora organizada, tanto preventiva como resolutiva frente a aquellos.
El
Trabajo Social es una intervención intencionada y científica,
por lo tanto racional y organizada en la realidad social, para conocerla
y transformarla, colaborando con otras ciencias (Medicina, Sicología,
Sociología, Pedagogía, etc.), de las cuales también
se sirve, en aras de lograr el bienestar de la población, entendido
éste como una situación que se caracteriza por la satisfacción
de las necesidades y la consiguiente calidad de vida de las personas.
Creemos
que es necesario cambiar el estilo tradicional del Trabajo Social, según
el cual el hombre es visto como objeto, en tanto en su familia, su grupo
o su comunidad se presentan los problemas sociales que se procura resolver.
Típico de ese paradigma es también el predominio de un enfoque
asistencial y funcionalista, cuyo soporte es la idea de adaptar al menesteroso
a una sociedad supuestamente equilibrada. Para el Trabajo Social que proponemos
en nuestra sociedad socialista, el hombre es un transformador de la realidad,
un hacedor de sí mismo y, por tanto, no un mero objeto sino un sujeto
de esa transformación.
De
acuerdo con Natalio Kisnerman, “El hombre sujeto es un ser en el mundo
y con el mundo, está situado y fechado, abierto a los desafíos,
inconcluso, es un programador de su vida, en la que totaliza sus proyectos.
Es un ser libre, en tanto tiene la capacidad de optar, e histórico,
en tanto hombre de su época. Y se concreta como tal en la relación
con los hombres y sus actos. Mediante la praxis se centra en y con
su realidad. En ella incorpora cultura como adquisición sistemática
de experiencia humana, crítica y creativamente. Es también
por lo tanto hacedor de cultura” (Kisnerman Natalio,
1982, Pág. 50). El trabajador social debe tener claro que los sujetos
sociales no son simples marionetas: también deben ser las manos
que mueven los hilos.
Se
habla de necesidades básicas y secundarias, de verdaderas o falsas,
de materiales y espirituales. Marcuse llamó básicas “aquellas
cuya satisfacción es necesaria para la realización de la
esencia como ser humano”, como el alimento, el vestido y la habitación;
y falsas “las que enajenan al hombre: divertirse, descansar, comportarse
y consumir de acuerdo con los anuncios de amar y odiar los que otros odian
y aman”(1969, Pág. 5). O sea, que las relaciones consumidor y productor,
sujeto y objeto son realidades que encontramos en las comunidades en relación
dialéctica, realidades a las que, por otra parte, están acostumbrados
los habitantes de la comunidad: a ser receptores de un mensaje que muchas
veces no entienden por no ser lo suficientemente claro o creíble.
Cito nuevamente a Kisnerman:”La deshumanización
se verifica en la distorsión de la vocación ontológica
del hombre de ser más (...).El hombre objeto es el hombre alienado*,
ya que está sometido a un poder ajeno al hombre mismo, desposeído
de sí”(Ibidem). Hegel ya decía en su Fenomenología
del Espíritu (1807) que el hombre sufre un estado de alienación
cuando la cultura se vuelve contra él y un estado de extrañamiento
cuando se separa de la realidad.
En
cambio, el hombre sujeto es el que da sentido al mundo y a sus cosas. El
que descubre el mundo y se descubre en él; el que está en
una situación problémica y se propone superarla con su esfuerzo.
Es el hombre rebelde de Camus “dedicado a reivindicar un orden humano en
el cual todas las respuestas sean humanas”. Es el Hombre Nuevo que aspiramos
a formar en nuestra sociedad. En ese proceso deberá corresponderle
al trabajador social un papel importante.
Si
nuestras estrategias de intervención tienen un carácter asistencialista,
los sujetos sociales que reciben la prestación no rebasarán
su condición de menesterosos, al ser anuladas sus potencialidades
como seres humanos; de tal modo nuestras acciones no eliminarán
las carencias y las calamidades. Por el contrario, unas estrategias que
procuren el conocimiento riguroso de las problemáticas, el descubrimiento
de sus causas y la potenciación de las capacidades humanas pueden
ser más efectivas y hacer más sustentable la transformación
de la realidad.
Así,
en nuestra visión metodológica situamos la acción
del trabajador social como promotora de las capacidades humanas que contribuyen
al cambio, a fortalecer y desarrollar la dinámica social que
lleve a la población a ampliar cada vez más sus niveles
de participación en la toma de decisiones y en la solución
de sus problemas.
El
Trabajo Social que proponemos pretende modelar un hombre que sea transformador
de su propia realidad, constructor de los valores éticos, estéticos
y políticos de la Revolución. Por tanto el hombre será
para la disciplina “el sujeto que busca reapropiarse de su esencia, un
punto de partida en tanto todo hombre vive en y con el mundo en grupos
y comunidades (...) un ser de la praxis transformadora de la realidad”(Kisnerman,
Natalio, 1987, Pág. 51).
¿Y
qué realidad se trata de transformar, de cambiar?. Es la realidad
de una ciudad donde las ITS aumentan de año en año y donde
el peso de las comunidades, y los grupos que las integran, es decisivo
en el accionar de las personas.
Hemos
constatado estadísticamente que las personas que han contraído
una ITS, o tienen grandes probabilidades de contraerla, son aquellas cuyas
edades oscilan entre los 15 y 25 años, son jóvenes; pertenecen
en su mayoría a los llamados grupos de riesgo de ITS( grupos de
gays*, rockeros, proxenetas, etc). Estos grupos en la actualidad reciben
poca atención por parte de las instituciones. En Santiago de Cuba
tenemos la importante contribución positiva del Centro de Prevención
de ITS/VIH/SIDA, aún cuando el tratamiento que se les da es insuficiente,
sobre todo por la escasez de recursos materiales. Pensamos que la intervención
del trabajador social debe estar prioritariamente dirigida a estos grupos,
aunque debe hacerse extensiva a toda la comunidad precisamente con el
apoyo de aquellos.
Creemos
acertado una vuelta a Kurt Lewin (1890-1947) y su teoría de los
grupos:
1- El grupo no es
una suma de miembros, es una estructura que emerge de la interacción
de los individuos y que provoca cambios en ellos.
2- La interacción
psicosocial está en la base de todo grupo.
3- La relación que
se establece entre los miembros y entre éstos y el grupo determina
un movimiento y una fuerza llamada dinámica que proyecta al
grupo hacia delante. En este sentido el grupo es un campo de fuerza social.
4- El comportamiento de
los individuos en grupo está siempre determinado por la estructura
de la situación presente.
5- El grupo es un medio
que concreta teoría y práctica, investigación y acción.
Sólo es valida la teoría comprobada mediante la práctica.
El
grupo es como el río de Heráclito: no hay dos grupos
iguales, el grupo donde hemos accionado no es el mismo después.
De ahí que las estrategias de intervención deban responder
a las características particulares de cada grupo. Este es un presupuesto
esencial del trabajo social.
Las
acciones que realizan los miembros de un grupo hacen que todo grupo comporte
un sistema de roles y status, los que representan modelos de comportamiento
ligados a las expectativas propias y de otros miembros del grupo. Esto
hace que los roles se adjudiquen y se asuman. Esencialmente nos interesan
como roles el de portavoz y el de líder. El primero es el “vocero
oficial” del grupo, por decirlo de alguna forma; el que comunica al grupo
con el exterior. El líder es aquel que orienta al grupo a la consecución
de la tarea y activa sus potencialidades; puede cambiar de acuerdo a la
situación. La experiencia demuestra que el apoyo en el líder
constituye una condición necesaria del éxito de las acciones
transformadoras.
La
fase de diagnóstico en las acciones de intervención social,
comprende la identificación de los líderes negativos y positivos
con el objetivo, por un lado, de conocer cómo se articula la dinámica
social en el ámbito de que se trate, cómo se estructuran
los distintos grupos sociales en él, y por el otro, de modificar
la influencia de los líderes negativos a la vez que se estimula
la capacidad movilizativa de los que desempeñan una función
positiva. Por supuesto que nos interesa fomentar un liderazgo participativo
como base del proceso de transformación social. “El liderazgo como
jerarquía no es un fenómeno de la dinámica de grupo
sino una imposición de la estructura social” (Kisnerman,
Natalio, op. Cit. Pág. 55).
Al
trabajador social corresponde la función de orientar, planear,
mediar, coordinar las acciones de cambio. En ese sentido hará
las veces de copensador y coactor con relación al grupo.
El
grupo de riesgo surge como resultado de las interacciones en la comunidad,
en la conjunción de esfuerzos para lograr respuestas a necesidades
o proyectos. En muchos casos sus normas y valores difieren de la
sociedad donde desarrollan su actividad grupal.
El
grupo de riesgo tiene la singularidad de que generalmente es un grupo informal
cuyos miembros están fuertemente cohesionados, ya sea por características
personales homogéneas, ya sea por formas, modos de actuar colectivos.
Para el trabajo transformador en él debemos documentarnos previamente
sobre su historia. Muchos de estos grupos de riesgo suman a sus características
el hecho de ser marginales, y de establecer subculturas, que de algún
modo cambian su realidad y les dicta modos y pautas de conducta.
El
trabajador social debe trabajar con dichos grupos con una estrategia claramente
definida, ya que estos por una lógica reacción lo consideran
ajeno a su realidad y cualquier error cometido por el trabajador social
lo desacreditará ante el grupo, haciendo luego más difícil
la solución de los problemas. Otra de las características
de estos grupos es su fácil comunicación con otros grupos,
de ahí que un error cometido con uno de ellos sea interpretado como
tal por todos los demás, dificultando el trabajo social en el ámbito
comunitario o societal.
Debemos
apreciar que, como cree Spinosa, las cosas quieren perseverar en su ser:
la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. En el grupo
de riesgo suele ocurrir lo mismo; a pesar de la necesidad puede ofrecer
una resistencia al cambio que se expresa lo mismo en una ansiedad depresiva
por el miedo a la pérdida del vínculo anterior, que en formas
de agresividad.
Los
grupos de riesgo de ITS tienen todas las características grupales
mencionadas anteriormente, con la peculiaridad de que el modo de vida de
sus integrantes y su modo de hallar la satisfacción sexual
los hace propicios para una Infección de Trasmisión Sexual.
El
trabajador social debe crear una dinámica interna que coloque a
los miembros del grupo de riesgo ITS de manera activa, crítica y
responsable, a través de su propia participación, en situación
de abordar sus dificultades y problemas con sentido de cambio y una dinámica
externa que le permita interrelacionarse con los grupos en movimientos
globales de cambio.
El
trabajador social debe tener en cuenta los principios operacionales básicos
para su trabajo en grupos de riesgo de ITS:
Los
principios operacionales básicos son:
1-
Respetar los valores culturales.
2- Establecer una positiva
relación profesional.
3- Trabajar en equipo.
4- Tener permanentemente
una perspectiva estructural en la acción.
5- Generar participación.
Y
además, tener en cuenta los postulados básicos.Los postulados
básicos son:
a) Reconocer la
dignidad de las personas que constituyen el grupo.
b) Admitir que en cada hombre
existen recursos potenciales para su realización a pesar de sus
características personales.
c) Reconocer que el hombre
es un ser que se realiza en comunión con otros hombres.
d) Afirmar el derecho de
los hombres a una sociedad que brinde iguales posibilidades de realización
cualesquiera que sea la orientación sexual que tengan.
Sin
una concepción del hombre como sujeto de la historia y de su propia
realización como ser en la realidad en la que vive, el cambio que
deseamos en grupo de riesgo de ITS no será posible. Capacitemos
al hombre para ser sujeto y no objeto. Y nosotros, Sociólogos
y Trabajadores Sociales, expertos en el bienestar social y en teorías
del consenso, convenzámonos de una vez de que la verdad el hombre
sólo puede hallarla en sí mismo.
Conclusiones
El Trabajo Social no
es una ciencia simple ejecutora de lo que las otras ciencias elaboran.
Investiga y transforma, apropiándose de una realidad concreta de
trabajo, construyendo procedimientos metodológicos que, sobre la
marcha, mejoran cualitativamente y cuantitativamente. Produce nuevos conocimientos
aportándolos a las demás ciencias sociales. Y, como opera
en la realidad objetiva, fija sus propios principios, normas y procedimientos.
En este sentido opinamos que el objeto del Trabajo Social no es un objeto
dado sino que se construye en la práctica, en el tránsito
entre la necesidad y la satisfacción y que su producto significa
el logro de los objetivos que el trabajador social se ha marcado para contribuir
a la construcción de la sociedad socialista en la que vivimos.
No
hemos hecho mayor énfasis en las características de los grupos
porque consideramos que se puede hallar en cualquier bibliografía
que sobre el tema se consulte. Nos hemos centrado en la metodología
de la intervención. Tampoco hicimos hincapié en los factores
que condicionaron el estado de cosas actual, nombrando simplemente los
más sobresalientes.
En
este artículo hemos hecho un esbozo de lo que debe ser el trabajo
social en la sociedad cubana actual. Hemos centrado nuestra atención
en un caso específico: la proliferación de las ITS en la
ciudad de Santiago de Cuba.
Creemos
que donde los factores de la comunidad han fallado (CDR*, FMC*, Médico
de familia etc.), donde las instituciones de Salud Pública,
educativas y Medios de Difusión Masiva han fallado, el trabajador
social cubano puede triunfar. ¿Por qué? Por su misma función
de concientizador del habitante comunitario, la empatía que logra
con la familia, con el grupo, la cercanía con las personas. Todas
estas características del trabajo en la comunidad nos hacen pensar
en una labor efectiva allí donde los demás han fallado o
no han podido hacer efectivo su trabajo. Por supuesto, como hemos venido
diciendo, no se debe alejar de las instituciones: el trabajador social
debe trabajar con el apoyo de éstas. De otro modo no podrá
transformar la estructura de la comunidad. No podrá cambiar la realidad
de las ITS en la provincia de Santiago de Cuba.
El
trabajador social al trabajar con grupos de riesgo de ITS debe tener en
cuenta que es necesario el apoyo en el líder, que constituye una
condición necesaria para el éxito de las acciones transformadoras.
Al trabajador social le corresponde la función de orientar,
planear, mediar, coordinar las acciones de cambio. En ese sentido
hará las veces de copensador y coactor con relación
al grupo de riesgo de ITS. Para el trabajo transformador debe documentarnos
previamente sobre sus características, pues muchos de estos grupos
conforman subculturas, y el trabajador social debe aprehender sus símbolos,
debe conocer esos códigos, de ello dependen sus posibilidades de
penetrar la realidad social, de comprender la dinámica propia del
grupo.
El
trabajador social debe ser un promotor de capacidades dentro del grupo
de riesgo de ITS. Olvidemos el enfoque asistencialista que en nuestra sociedad
no es funcional. El trabajador social debe capacitar y desarrollar la dinámica
social de los integrantes del grupo, llevarlos a una participación
efectiva en la toma de decisiones que afecten su destino. Sólo así
podrá hacer transformaciones duraderas. La transformación
objetiva, material, es válida y más sencilla de efectuar,
pero más difícil es cambiar la subjetividad de los hombres,
su conciencia: es allí donde se producen los verdaderos cambios
que hacen al hombre un ser libre, no enajenado, no consumista, no guiado.
Un hacedor de cultura, un hacedor de su propia realidad. Un hombre sano.
El
trabajador social debe lograr que esa persona que le demanda ayuda, lea,
que vaya a la galería de arte, que escuche otra música, que
salga de la realidad cotidiana y vea que existe otro mundo. Que vea otros
filmes que no sean de sexo, violencia y acción, que intercambie
y exprese su opinión libremente. Que sea una persona no solo instruida,
sino culta. No de otra manera eliminaremos las ITS y otras situaciones
problémicas que se nos presenten; sino cambiando al actor desde
dentro.
Recomendaciones
A
partir de las consideraciones hasta aquí expuestas consideramos
pertinente:
-
Que se utilice este artículo
en la preparación de los trabajadores sociales para su intervención
en la comunidad.
-
Que se profundice en el
trabajo con grupos de riesgo de ITS.
-
Que se realice un estudio
más profundo de los mecanismos de control y prevención social
que han fallado.
-
Lograr una mayor colaboración
entre las entidades y organismos vinculados al trabajo de prevención
y erradicación de las ITS.
-
Convertir al trabajador
social en el principal agente de la intervención en la comunidad.
Decía
Ortega y Gasset que el hombre es un animal
inadaptado, es decir, que existe en un elemento extraño a él,
hostil a su condición: este mundo. En estas circunstancias, su destino
implica, no exclusiva, pero sí principalmente, el intento por su
parte de adaptar al mundo a sus exigencias constitutivas, esas exigencias
precisamente hacen de él un inadaptado. Tiene, pues, que esforzarse
en transformar este mundo que le es extraño, que no es el suyo,
que no coincide con él, en otro afín donde se cumplan
sus deseos1. Entonces trabajadores sociales, transformemos este mundo para
el Hombre; esta existencia, este mundo puede ser mejor, lo sabemos. Hagámoslo,
pues.
Notas
Un Grupo de riesgo de ITS, es aquel cuyos miembros, por sus características
psicosociales y la forma en que satisfacen sus necesidades sexuales, son
más propensos a contraer una Infección de Trasmisión
Sexual(ITS)
Datos tomados del Boletín informativo GOPELS (Grupo Operativo Para
el Enfrentamiento y Lucha contra el SIDA), Junio/ 2001, Febrero/2006.
Datos tomados del Boletín Informativo GOSPAL, ibidem.
Es interesante hacer notar su pertenencia a grupos de riesgo de ITS
Datos tomados del Boletín Informativo GOSPAL, ibidem
La situación problema es una situación límite, ya
que actúa como freno, obstáculo a la realización de
los hombres. Son dimensiones concretas e históricas de una realidad
determinada.
Llamamos situación a todo lo que constituye la realidad para el
hombre, un grupo, institución o comunidad; en tanto realidad es
lo dado, aunque no tengamos conciencia de ello. Y se hace problema
cuando tomamos sentido de su problemática.
De alienus, propio de otro, extraño a uno y del verbo alienare:
convertirse en otro, ser ajeno.
Incluimos en los grupos de gays, los HSH, que no son puramente gay, sino
bisexuales.
Comités de Defensa de la Revolución(CDR): ONGs que se crearon
en los barrios y comunidades en la década de los años 60
del pasado siglo con los objetivos de defender al naciente Gobierno Revolucionario,
hacer actividades culturales y elevar la calidad de vida de sus habitantes.
Federación de Mujeres Cubanas (FMC): Agrupación que
aglutina a las mujeres cubanas.
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