La cultura ha sido entendida
y definida de muchas y diferentes maneras, pero en el fondo no es otra
cosa que el contenido mismo de la mente.
Del
latín cultus, forma de supino del verbo colere
que originalmente significaba "cultivar", el término cultura se
volvió metafórico cuando lo empleó Cicerón
(106-43 a.C.) en su célebre tratado filosófico y moral Tusculanae
disputationes, (2,5,13) para comparar el espíritu de un hombre basto
con un campo sin cultivar y su educación y formación espiritual
como el cultivo de ese campo. Este concepto clásico de cultura que
excluía las actividades utilitarias, las artes y el trabajo manual
-banausía, tenido como propio de esclavos- pasó con esos
caracteres a casi todas las lenguas europeas.
En
la Edad Media la palabra cultura conservó su carácter metafórico,
aristocrático y contemplativo propio del ideal clásico y
se convirtió en instrumento principal de la preparación del
hombre para sus deberes religiosos y para la vida ultramundana (culto
a Dios y a los santos). El Renacimiento modificó el carácter
imaginativo del ideal clásico medieval, destacando la naturaleza
activa de la sabiduría. Pico della Mirandola y Carlo Bovillo, insistían
en que a través de la sabiduría el hombre podía llegar
a su realización total. La cultura fue entonces sabiduría,
pero como tal reservada solo a unos cuantos porque que el sabio se separaba
del resto de la humanidad, tenía un carácter metafísico
y moral diferente de los demás hombres. La Ilustración trató
de eliminar el carácter aristocrático de la cultura al proponer
su máxima difusión por considerarla instrumento de renovación
de vida social e individual y no patrimonio de doctos. Kant define la cultura
como "la producción en un ser racional de la capacidad de escoger
sus propios fines"
, en el sentido de otorgar fines superiores a los que puede proporcionar
la naturaleza misma.
En
el orden académico el concepto de cultura ha sido objeto de muchas
preocupaciones así como de propuestas y discusiones, puesto que
para la antropología como para las demás ciencias sociales
-por las propias características con las que se ha venido identificando
la condición humana- había que establecer una categoría
conceptual, funcional y discernible en la que se conjugasen los atributos
de la vida social humana. Si bien no se ha establecido ni se ha buscado
establecer una definición única de cultura -puesto
que, salvo las definiciones matemáticas, toda definición
es siempre arbitraria- los científicos sociales estuvieron de acuerdo
sobre determinadas condiciones que, como veremos luego, hacían de
la noción de cultura una abstracción
válida para significar un todo integrado, funcional, objetivo y
discernible. El historiador Phillip Bagby reconoce que
...
Los antropólogos han conseguido establecer unas cuantas proposiciones
de validez universal, que si no fuera por su carencia de forma matemática,
podrían muy bien ser consideradas como leyes ... El establecimiento
de estas regularidades universales afirma nuestra creencia de que el mundo
de las cosas humanas no es totalmente desordenado
.
De
manera que, como los han expresado también Kroeber y Kluckhon, la
noción de cultura resultó ser para la antropología
como la noción de gravedad para la física, de enfermedad
para la medicina o de evolución para la biología, es decir,
la piedra fundamental sobre la cual se estructuraba la disciplina
.
Y no sólo para la antropología sino para la ciencia social
en general. Malinowski se refiere a la cultura como "the most central problem
of all social science"
.
Pero
en el orden común, es decir, en lo concerniente a la actividad social
pública, el término se ofrece, elitista, confuso e inconveniente
porque la noción tradicional ("humanista") de cultura constituye
un contrasentido en el entendimiento de la mecánica social cuando
se la quiere precisar diferenciándola de la educación, de
la economía, de la política, del derecho y los demás
aspectos de la vida social. Este enfoque no permite expresar racionalmente
la naturaleza de las cosas en tanto se interpreta a la cultura en su connotación
tradicional y elitista, como un aspecto secundario dependiente de los demás
y no como la noción totalizante y válida que refleja la integridad
de la vida social humana.
El
concepto antropológico de cultura
Como
sucedió con las ciencias físicas, que habían progresado
muy poco mientras no fueron abstraídos los conceptos de masa, momento,
energía, etc., igual pasó con la antropología y en
general con las ciencias sociales, en las que cuando fue establecido el
concepto de cultura vino a servir de base a todo el sistema de formulaciones
teoréticas de estas disciplinas.
Fue
Edward Burnett Tylor (1832-1917) fundador de la antropología académica
quien perfeccionando un enunciado de Gustav Klemm estableció el
primer y más amplio concepto de cultura, el mismo que define en
su famoso libro Primitive Culture (1871) como
"… aquel todo complejo
que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho,
las costumbres y cualquiera de los hábitos y capacidades adquiridas
por el hombre en cuanto miembro de la sociedad"
Agregando
que:
"La condición
de la cultura en las diversas sociedades de la especie humana, en la medida
en que puede ser investigada, según principios generales,
es un objeto apto para el estudio de las leyes del pensamiento y
la acción humanos"
.
El
concepto formulado por Tylor tiene la gran cualidad de ser inmensamente
amplio y circunscrito a la vez, lo cual permite innumerables variantes,
según el énfasis que se desee poner en cualquier aspecto
de la cultura, es decir, de todo lo que significa las diferentes aptitudes
y hábitos adquiridos por el hombre en la vida social. Así,
por ejemplo, otro famoso antropólogo, Melville Herkovits, ha caracterizado
también a la cultura como "algo que puede ser aprendido, estructurado
analizado y divisible en diversos aspectos, algo dinámico y variable
que emerge de todos los componentes de la especie humana"
.
Por su parte, Leslie White dice: "Cultura es el nombre de un orden o clase
distinto de fenómenos, es decir, de cosas y acontecimientos que
dependen del ejercicio de una habilidad mental peculiar de la especie humana,
que hemos llamado simbolización"
.
En tanto que Clyde Kluckhohn en una de sus definiciones la entiende como
"todos los modos de vida históricamente creados, explícitos
como implícitos, racionales y no racionales, que existen en cualquier
tiempo determinado como guías potenciales del comportamiento de
los hombres" aunque la entiende también como "la parte del ambiente
hecha por el hombre"
.
Así como éstas, son innumerables las definiciones y la literatura
antropológica escrita sobre el concepto de cultura que difieren
no sólo en los alcances que se confiere al concepto sino también
en sus orientaciones teóricas. Prácticamente no hay antropólogo
que no haya tenido que discernir o escoger un concepto funcional de cultura
acorde con su formación y su manera de pensar en las realidades
que le preocupan.
En
todo caso y como quiera que se tomen las definiciones, en todas ellas se
entenderá necesariamente que la cultura es un fenómeno social,
es decir, algo más que un fenómeno biológico, que
si bien tiene base biológica se trasmite de cerebro a cerebro a
través de la información y la comunicación y que se
puede observar, analizar y comprender como un sistema, puesto que constituye
un todo estructurado, funcional y racionalizable. La cultura, como ya se
dijo, incluye los conocimientos, técnicas, ideas, creencias, hábitos
y valores heredados. Si bien hay quien sostiene que la cultura no incluye
a los objetos materiales, éstos como resultado de los actos son
considerados como formas de la cultura explícita. En todo caso,
son necesariamente productos culturales -cultura material- y objeto de
estudio de algunas disciplinas como la arqueología y la historia
de la técnica
.
Radcliffe-Brown,
uno de los investigadores más connotados de la antropología
social británica, al referirse a esta discrepancia en el uso del
término cultura escribe:
"… los antropólogos
utilizan la palabra 'cultura' en muchos sentidos diferentes. Creo que algunos
la utilizan como equivalente a lo que yo llamo forma de la vida social".
(Radcliffe-Brown, 1969:31).
Pensamos,
en efecto, que esta equivalencia a la que se refiere R-B viene a ser una
de las definiciones más claras y totalizantes de cultura, esto es
como las formas de la vida social.
En
el orden epistemológico, una pregunta que no puede dejar de inquietarnos
es ¿qué clase de realidad posee la cultura? Pregunta que
ha dado lugar a diferentes respuestas y naturalmente a discusiones, planteamientos
y propuestas que sería largo referir aquí, pero que pueden
ser agrupados en tres clases de enfoques diferentes, uno denominado superorgánico,
otro
conceptualista y un tercero realista.
El
enfoque superorgánico, propuesto y sustentado principalmente por
Alfred Kroeber, entiende a la cultura como a una súper realidad
que existe por encima y más allá de sus portadores individuales
y establece sus propias leyes, que no se debe confundir con el hecho generalmente
aceptado de que la cultura es supraorgánica, esto es, que no está
directa e inmediatamente sujeta a las leyes biológicas.
Según
el enfoque conceptualista, la cultura no es una entidad per se sino el
concepto que usan los científicos sociales para relacionar y unificar
conceptualmente una gran variedad de hechos que de otro modo permanecerían
separados y no podrían ser relacionados y discernidos y, según
el criterio realista, es tanto un concepto como una realidad empírica;
es un concepto porque es la principal teoría explicativa del objeto
fundamental de la ciencia antropológica y es una realidad empírica
porque el concepto está reflejando la forma en que realmente están
organizados ciertos fenómenos que se agrupan bajo su contenido.
Partiendo del hecho de que la cultura es algo observable, comprensible
y analizable se aclara la cuestión de la naturaleza substancial
de la cultura.
La
cultura y las culturas: entre el relativismo y el universalismo
En
el estudio comparativo de las culturas el problema principal es la elaboración
de características que sean lo suficientemente amplias como para
aplicarlas a todas las culturas que se estudian y, al mismo tiempo, lo
suficientemente específicas para diferenciarlas o señalar
similitudes que sean más que meras aproximaciones. Este problema
dio origen a dos posiciones sobre la interpretación de la naturaleza
de la cultura, una sustentaba la relatividad o particularidad de
las culturas en tanto que la otra sostenía la universalidad o generalidad
de la misma.
Los
relativistas extremos negaban que pudieran elaborarse categorías
o proposiciones que fueran al mismo tiempo exactas y universales porque
sostenían que cada cultura era única y por lo tanto debía
analizarse mediante sus propias categorías. Según Franz Boas
cada cultura es única porque es producto en parte de la casualidad
y en parte de las circunstancias históricas irrepetibles. Ruth Benedict
sostenía que cada cultura es una expresión única y
legítima de las potencialidades humanas, en consecuencia no puede
haber normas universales de práctica cultural. También Alfred
Kroeber pensaba que no se pueden elaborar categorías generales en
las que puedan incluirse de manera exacta todos los fenómenos particulares
de todas las culturas, por lo tanto las así llamadas "categorías
universales" resultaban inoperantes y en consecuencia falsas, infuncionales,
cuando se trata de aplicarlas.
El
relativismo cultural y las perspectivas desde las cuales se juzgaba y analizaba
una cultura implican una serie de cuestiones que resultan muy discutibles.
Es el caso por ejemplo del relativismo moral puesto que los valores morales
son válidos solamente dentro de cada cultura e incluso de cada circunstancia.
De acuerdo con esto no tendríamos derecho a condenar la crueldad
ni la inhumanidad aparentes de otros pueblos, porque al hacerlo estaríamos
proyectando nuestro propio sistema de valores más allá del
único contexto en el que son legítimos. Como lo explica Kneller,
el relativismo crea un problema moral peculiar a su doctrina: ¿hemos
de aceptar como justificada cualquier costumbre por contraproducente y
aborrecible que nos parezca en la medida en que forma parte integral de
otra cultura?, ¿no tenemos derecho -sigue preguntándose este
autor- a condenar el genocidio, el canibalismo, la esclavitud y la tortura
física simplemente porque son prácticas de otros pueblos?
Pensamos
que las cosas no pueden llevarse a extremos porque se puede usar en gran
manera criterios antropológicos para estimar lo que podríamos
llamar una racionalidad universal, como los valores e instituciones, patrones
y costumbres que contribuyen a la supervivencia de la especie y a la integridad
de cada grupo social. El relativismo cultural se justifica como una posición
metodológica en la investigación de culturas específicas
y para ello resulta de gran ayuda, mas no como principio orientador en
la teoría antropológica puesto que negaría la adopción
de valores de otras culturas que se consideren ventajosos. Además,
como dice Erich Fromm, el relativismo no puede admitir lógicamente
que sea la propia cultura la que distorsione el desarrollo de sus miembros
porque niega que haya criterios realmente válidos para el enjuiciamiento
de las demás culturas. Eso significaría que sólo son
los individuos los que pueden ser inadaptados y no las culturas. Gravísimo
problema para el cambio cultural dirigido.
Los
universalistas sostienen que todos los seres humanos comparten la misma
naturaleza, la cual requiere de los mismos principios y valores para su
expresión. Si los individuos tienen o siguen valores diferentes
no es por que sus naturalezas sean diferentes sino porque no cumplen con
la naturaleza que poseen en común. Sostiene Kluckhon que todas las
culturas son esencialmente respuestas específicas a las mismas exigencias
que plantean la biología y las generalidades de la condición
humana. Las pautas de vida de cada sociedad deben ofrecer modos aprobados
y sancionados de afrontar circunstancias tan universales como la existencia
de dos sexos, la desvalidez de los niños pequeños, la necesidad
de requisitos biológicos como la alimentación, etc. Del mismo
modo hay ciertas necesidades de la vida social para esta clase de animal
que no importan para el caso donde se las viva o a qué cultura
pertenezcan. La cooperación para la adquisición de los elementos
imprescindibles parta la subsistencia o para otros fines requiere de un
mínimo de conducta recíproca, de un sistema común
de comunicaciones y, por cierto, de valores mutuamente aceptados. Los hechos
de la biología humana y el carácter gregario de la especie
lo proporcionan determinados puntos de referencia invariables a partir
de los cuales puede iniciarse la comparación intercultural
.
Algunas
de las características que Robert Redfield sostiene como universales
de la cultura son:
-
· todas las culturas
establecen límites morales a la violencia
-
· todas plantean algún
tipo de sentimiento de lealtad
-
· todas poseen ciertas
formas de ganarse la vida
-
· todas tienen sistemas
familiares y de parentesco calificados que generan sentimientos y dependencias
-
· todas tienen alguna
concepción del universo y del lugar que en él ocupa el hombre
-
· todas tienen un código
moral
-
· todas son creativas
más allá de la llana y lisa supervivencia.
George
Murdock es más explicito y ha elaborado una lista alfabética
de un número sorprendentemente grande de elementos que son comunes
a todas las culturas conocidas, comenzando por la clasificación
de los individuos por edades, las formas de medir el tiempo, las creencias
mitos y rituales, las restricciones sexuales, la diferenciación
de los niveles sociales, las formas de curar, la fabricación de
herramientas, etc
.
En
resumen, sobre la particularidad y universalidad de las culturas, de
manera general podemos decir que ciertas características culturales
(así como las sociales y biológicas) son universales, otras
meramente generales -compartidas por muchos mas no por todos los grupos
humanos- y otras son particulares, no compartidas en absoluto.
Geertz
y el impacto del concepto de cultura en el concepto de hombre
Para
Clifford Geertz trazar una línea entre lo natural y lo adquirido
es falsear la condición humana. Así, se pregunta: ¿el
hombre es sólo lo que su cultura lo hace? En todo caso, las relaciones
entre cultura y desarrollo social y biológico están demasiado
amalgamadas para tratar de plantear preguntas y respuestas en casillas
separadas. La humanidad sólo puede definirse en sus variadas expresiones:
lo específico de cada cultura es lo que define la humanidad del
hombre.
Geertz
descarta la concepción estratificada de la cultura y propone una
concepción sintética, esto es, que la cultura no es la suma
de complejos o esquemas concretos de conducta sino, sobre todo, mecanismos
de control que gobiernan la conducta. Este concepto comienza con el supuesto
de que el pensamiento humano no es una actividad íntima sino fundamentalmente
social y pública, es decir, no es más que el hecho de pensar
es un intercambio de símbolos significantes. En este aspecto las
propuestas de Geertz coinciden con las de Jacques Lacan, sobre todo cuando
plantea la idea del orden simbólico como previo a la estructuración
de cualquier atisbo de pensamiento. Esto es, que para pensar y tener memoria
se requiere de elementos mínimos de simbolización, por este
motivo la memoria sobre los primeros años de un niño se pierde
en tanto que no posee elementos simbólicos que permitan plantear
estructuras de ordenamiento de la realidad.
Para
Geertz estos mecanismos de control de la cultura modelan la humanidad del
hombre y propone tres cuestiones básicas para entender este planteamiento:
1. En primer
lugar el desarrollo del primate al hombre está vinculado con la
propia cultura e inclusive el desarrollo biológico (cerebro y sistema
nervioso central) corresponde a un feedback entre hechos, actos culturales,
trabajo y desarrollo corporal. No es que la evolución biológica
se haya dado antes que la cultural: una y otra caminan estrechamente relacionadas.
2. El desarrollo del
sistema nervioso central y el cerebro dependen de la cultura. Al hablar
de los hombres en Bali, Geertz enfatiza: no existe naturaleza humana independiente
de la cultura.
3. El hombre es un
animal incompleto, sólo se completa a partir de la cultura, pero
no se puede buscar la esencia en una cultura humana, sino que lo completo
se da en la medida de la cultura en cada hombre.
Al
estudiar específicamente los factores de la cultura que han intervenido
en la evolución humana y cómo los elementos biológicos
se entremezclan con los culturales en el desarrollo de la forma de pensar
en el hombre plantea Geertz elementos novedosos sobre dos términos
estigmatizados en todas las teorías científicas: espíritu
y mente. Descartando al espíritu, cuestiona el término mente
como "un sistema organizado de disposiciones que encuentra su manifestación
en algunas acciones y en algunas cosas" para sostener que cuando hablamos
de mente nos referimos a una capacidad y a una aptitud de disposición
para realizar cierta clase de acciones y producir cierto tipo de productos
y no un sistema. Después critica las ideas freudianas sobre procesos
primarios y secundarios de pensamiento, concepto que estuvo muy en boga
y sirvió de sustento para plantear prejuicios en relación
con los procesos de pensamiento de otros pueblos. Así desbarata
la idea errónea de que la cultura no tuvo mayor importancia para
el desarrollo biológico del hombre.
Señala
Geertz que así como es imposible sostener que el hombre aparece,
es igualmente imposible plantear que la cultura aparece. La cultura se
va desarrollando lentamente tanto cuantitativa cuanto cualitativamente.
La cultura, concretamente el uso de herramientas - la cultura material-
no sólo determinó el desarrollo social sino también
físico del cerebro, del sistema nervioso central e incluso de la
mano. Para analizar el complejo sistema de la sinapsis y desarrollar esta
idea a profundidad ha planteado que la humanidad del hombre no depende
tan sólo del tamaño del cerebro y del número de neuronas,
sino de los complejos procesos físico-químicos que se desarrollan
en el salto de la información de una a otra neurona.
Entra
después en el polémico campo de los sentimientos y las sensaciones
para sostener que éstos y las conductas que producen son producto
del enjambre cultural y biológico que es la mente humana. Para concluir
remarca que el hombre es no solo físicamente inviable sin la cultura,
sino que es también mentalmente inviable sin la cultura. La mente
no sólo se desarrolló biológicamente, sino que la
cultura planteó las bases para el desarrollo físico del cerebro
hacia un camino: el que ahora recorremos. Por eso los recursos culturales
-entre los cuales se destacan las relaciones sociales y los productos pero
también otros elementos más sutiles como el arte y la religión-
son elementos constitutivos del pensamiento humano y no simples accesorios.
En este sentido, el sistema nervioso humano depende inevitablemente del
acceso a estructuras simbólicas públicas para elaborar sus
procesos autónomos: no hay pensamiento sin comunicación y
no hay comunicación sin información, inclusive biológica.
Es decir, contrario sensu, la identidad del ser humano no sólo se
piensa, sino que "se vivencia"
.