Introducción
y planteamiento del problema
Decía Bárbara
Ward en su libro La Morada del Hombre que :
[…] las ciudades
residenciales no deben construirse tan sólo con fines económicos
- para explotar un mercado de propiedades- ni por razones políticas,
como glorificar al príncipe (en cualquier forma de gobierno). Deben
contruise para la gente, en primer lugar para los pobres (Ward,
1976, p. 30)
Señalaba
también esta autora, que las familias de los asentamientos humanos
deberían poder satisfacer las mínimas necesidades de: alimentos,
energía, abrigo, trabajo y recreación. Y podemos imaginar
que la palabra “mínima” se había colocado en ese párrafo,
debido al grave desbalance entre recursos disponible y por disponer, y
el crecimiento exponencial de los más necesitados que viven en las
urbes y llegan a ella en la búsqueda de una mejor calidad y género
de vida.
La moraleja de todo
esto es que las ciudades no se deben construir al azar y en la búsqueda
desenfrenada del lucro, sino con propósitos humanos.
Los modelos de planificación
turística integral que tienen como objetivo estimular la colaboración
entre las partes implicadas y lograr entonces un verdadero desarrollo sustentable
(Truly y Leisen, 1999),
se preocupan muchos más por la estrategia de segmentación
de los mercados; y mucho menos, por asegurar una sinergia entre el espacio
lúdico para los visitantes temporales y la ciudad residencial para
los trabajadores. De hecho se ha criticado, a menudo, que la planificación
turística es “impuesta” sobre las necesidades de la población
local anfitriona; y que esta planificación se ha convertido en una
actividad dominante dentro de un economía en transición (Dachary,
1994).
Un buen ejemplo
de una planificación problemática de las ciudades turísticas
de América Latina puede ser Cancún, en el caribe mexicano.
Allí, la tierra ganada para fines lúdicos y comerciales redujo
la tierra disponible para los lugares de la clase trabajadora que llegaba
allí en la búsqueda de empleos y duplicó la presión
sobre un espacio que se hacía insuficiente.
Reconocemos que
Cancún fue un espacio afortunado para el trabajo de los tour
operadores, de los hoteleros y negocios diseñados para satisfacer
al turista; no obstante como siempre sucede después, Cancún
y su pequeño espacio para la residencia de los trabajadores. simplemente
creció como mejor pudo, sin ningún plan aparente que no fuese
más espacio para las diversiones y asegurar así una fuente
de divisas segura. Como resultado de esa presión, el valor
de la tierra no urbanizada debe haber crecido en forma exponencial, y por
ello cualquier otra ampliación futura costaría bastante más
que el plan original.
Cancún
: un caso Mejicano bien conocido
El flujo migratorio
desde Quintana Roo y desde la Península de Yucatán y el crecimiento
desigual en los nuevos espacios planificados, está muy bien descrito
en el artículo de Alfredo César
Dachary (1994), donde se analizan todas las consecuencias del crecimiento
demográfico, tanto de turistas como de las poblaciones para alojar
a los trabajadores y también la implacable aculturación acelerada
y nociva en esa área geográfica. Hagamos pues un resumen
de este caso para ilustrar estos problemas.

El desarrollo turístico
en las islas de Cozumel–Cancún-Mujeres, que comenzó a planificarse
en la década de los años de 1960; y a construirse, en la
década de los años de 1970, tuvo un crecimiento espectacular.
Solamente para el año de 1992, ya se había pasado de apenas
100 habitaciones hoteleros a una cantidad bastante mayor de aproximadamente
21.000 habitaciones. Incluso, la población local creció desde
cero a 300 mil habitantes, lo cual indicaba el efecto de “arrastre” que
puede producir una migración de trabajadores que al informarse
de un determinado plan turístico, buscan fuentes de empleo estable
y un mejor medio de vida. Pero: ¿cuáles fueron los impactos
que tuvo este brusco crecimiento del turismo masivo de sol y playa,
no sólo en las islas ya nombradas sino en el Estado de Quintana
Roo y en la Península de Yucatán ?
Se ha estimado que
para el año de 1992, sólo en Cancún llegaban más
de 1.400.000 turistas que seguramente pernoctaban al menos 5 noches. Así
pues, las habitaciones demandadas, solamente en esa isla del caribe mexicano,
se podían estimar en 13.300 suponiendo una ocupación media
muy elevada y mayor del 70% al año.
Cancún fue un centro
integralmente planificado, pero es probable que esta palabra “integralmente”
no haya tomado en consideración la planificación adecuada
de las áreas residenciales, para toda una población de trabajadores
que debía irrumpir en ese espacio geográfico, debido a las
expectativas de posibles empleos e incluso del mismo incremento veloz del
turismo.
El Banco Nacional de México
asumió la política turística en esos espacios caribeños
y mediante un Fondo de Infraestructura Turística, implementó
el desarrollo turístico de Cancún.
El espacio lúdico
fue muy bien planificada según previsiones conservadoras del crecimiento
turístico; e incluso, la ciudad de Cancún, como un
centro residencial para alojar a los mandos medios de los hoteles, de la
burocracia y de la población de servicios, estuvo relativamente
bien concebida, pero para una población limitada.
Ahora bien, el gran error
del planificador fue no prever el crecimiento demográfico y en especial
de la población que emigraba en búsqueda de empleos y se
alojaría en la Colonia Puerto Juárez, concebida como una
ciudad dormitorio de 10 kilómetros de largo por un kilómetro
promedio de ancho.
Esta Colonia fue diseñada
en forma de retícula tradicional, con muy pocas zonas verdes y con
carencia de algunos servicios básicos. La explosión demográfica
de Cancún fue muy elevada, no sólo en la misma zona hotelera,
sino en los espacios residenciales para la clase media trabajadora; y por
supuesto, en los espacios previstos para la clase obrera. ¿Porqué
no se pudo prever a tiempo el impacto demográfico?
El asunto de la planificación
y el crecimiento poblacional
Es bien sabido, que si para
el año de 1992 ya existía en Cancún más de
20 mil habitaciones hoteleras, la mayoría de lujo, esto solamente
suponía una población trabajadora directa de al menos 20.000
personas y seguramente 3 veces más si se contabilizaban los trabajadores
indirectos; y si ya se había previsto, que el crecimiento
del turismo iba a ser de al menos el 30% anual, ello estaba indicando que
era probable, que para el año de 1995, el turismo en Cancún,
llegase a más de 5 millones de visitantes temporales, lo cual ya
suponía un aumento del alojamiento hotelero en por lo menos 30 mil
nuevas habitaciones, con sus consecuencias demográficas, impactando
a los espacios geográficos planificados y en especial aquellos que,
según los criterios de la sustentabilidad, deberían ser dedicados
a la preservación de áreas frágiles, ya que ello formaba
parte de la estrategia de los planificadores.
Igualmente, era de esperarse
que la Colonia de Puerto Juárez y el ejido Alfredo Bonfil.
podrían crecer tres veces en espacio e incluso invadir los espacios
cercanos al aeropuerto de Cancún. Además, todo ello debería
haberse previsto; y estimar, no sólo el posible crecimiento de la
población fija, sino también el incremento de la población
flotante, que como sabemos es altamente estimulada por el “boom”
turístico que se divulga para un espacio determinado.
En un estudio relacionado
con una importante estación balnearia del Estado de San Pablo, en
Brasil, o sea : Bertioga, allí se señalaba que “ se
estimaba para el año 2.001 una población fija de 30.903 habitantes,
lo cual presentaba una de las mayores tasas de crecimiento poblacional
en el país del 16,11% al año. Esta alta tasa demográfica
podía ser explicada por una reciente expansión inmobiliaria
turística observada en las cercanía de su línea marítima,
y que absorbía una intensa mano de obra, que provenía de
la migración” (Chequer y Rejowski,
2.003). Esto nos indica, de nuevo, como el crecimiento del turismo, en
un lugar geográfico determinado, incentiva los flujos poblacionales
debido a las expectativas de lograr empleos, aunque sea estaciónales.
Lo mismo sucedió
en el caso de el desarrollo de Bariloche, como un lugar turístico
en Argentina; las obras realizadas allí por la Dirección
de Parques Nacionales, crearon una gran demanda de mano de obra externa,
la cual decidió quedarse a vivir en el lugar, con la esperanza de
trabajar para el turismo, pues esa sería la actividad futura dominante.
Igualmente, Bariloche fue un polo de atracción para argentinos y
para la población chilena de bajo nivel socioeconómico, e
incluso para empleados de estancias ubicadas en la meseta patagónica;
el lugar fue también un polo de atracción para inmigrantes
europeos como alemanes y eslovenos, quienes terminada la Segunda Guerra
Mundial vieron en ese espacio geográfico una oportunidad para trabajar.
Todo ello produjo en 30 años, un incremento poblacional que pasó
de más o menos 16 mil habitantes en el año de 1960, a más
de 80 mil habitantes en el año de 1991. (Schlüter,
1994).
Incluso en este
caso de Bariloche, surgió una mezcla de poblaciones sin raíces
ni identidad cultural, es decir : sin historia colectiva ni tradiciones,
lo cual afectó a la comunidad en su etapa embrionaria. Pero
también se formaron barriadas marginales, donde se instalaba una
población de emigrantes sin trabajo permanente. Todo esto
creó una gran presión sobre el medio ambiente, en un
lugar que, en ese momento, no contaba con un Plan Regulador que controlara
el caos y las improvisaciones. (Schlüter,
ob. cit.).
Lo que queremos
resaltar con estos ejemplos, es que la planificación integral y
sustentable tiene que tomar en consideración la posible expansión
poblacional y sus necesidades más apremiantes.
Siempre será
necesario hacer buenos estimados del posible crecimiento, tanto del turismo
internacional como del turismo nacional, para poder establecer las necesidades
potenciales en cuanto a los alojamientos y los servicios urbanos, tanto
para los espacios turísticos, como para los lugares donde se localizaría
la población potencialmente trabajadora, sin vulnerar los espacios
destinados a otros fines como: áreas verdes y espacios geográficos
frágiles (humedales, zonas de manglares, etc…), que muchas veces
están conectados a otras áreas, como las barreras coralíferas
y las lagunas naturales e incluso cualquier otra zona que están
allí para amortiguar los impactos negativos.

¿Turismo como un
medio para mejorar la calidad de vida de la población trabajadora
residente?
El objetivo básico
y prioritario del desarrollo turístico es mejorar la calidad de
vida del residente y de los trabajadores de un centro integralmente planificado.
Si el turismo en un espacio
geográfico determinado, se va a convertir en un sector de servicios
dominante, entonces es necesario buscar nuevos modelos para planificar,
sin profundizar los contrastes entre un centro lúdico agradable
para el turista y los centros residenciales que pueden transformarse en
marginales.
El reto de los nuevos planificadores
consiste, entonces, en hacer previsiones de lo que pueda ocurrir, manejando
varios escenarios, donde los aspectos demográficos son vitales.
No se puede seguir
planificando con modelos semi-estáticos, que no toman en cuenta
los posible cambios dinámicos y sus impactos negativos. Es necesario
disminuir el riesgo de equivocarse y mejorar los modelos, donde las previsiones
demográficas son, no hay duda, prioritarias , al lado de otras variables
previsibles relacionadas con el medio ambiente,el empleo y la economía
(Toledo, 2.003).
El punto de partida obvio
debió ser el haber previsto lo que podría suceder sino se
balanceaba o se buscaba un equilibrio entre los espacios lúdicos
planificados y el espacio necesario para alojar a la población
de trabajadores, que es atraída por esos proyectos turísticos.
El mayor don de un espacio
lúdico es la plenitud de la vida humana en toda su exuberancia,
la posibilidad de mezclar la cultura y experiencias del visitante temporal
con la cultura del residente y aun de percibir, vagamente, todas las rarezas
y extravagancias del comportamiento humano, cuando se dedica a recrearse,
e igualmente los comportamientos de una subyacente humanidad compartida
que se enriquece y no se pone en peligro, si se comparte en forma equilibrada
las necesidades de la comunidad.
No debemos idealizar, pero
al menos tenemos que planificar bien, para evitar las hostilidades entre
clases y en especial si se exacerban las diferencias basadas en ingresos
y oportunidades, cuando surgen los contrastes, entre el lujo de los sitios
turísticos y la pobreza de los lugares residenciales para los trabajadores,
marginados, que se ubican en los anillos periféricos de los suburbios
sin amenidades urbanas básicas.
Acaso sea posible resumir
el problema de la vida urbana en los espacios lúdicos de países
en vías de desarrollo, diciendo que los asentamientos se han hecho
amorfos y divididos social y culturalmente; y que la mayoría, han
mostrado una dudosa hoja de equilibrio ambiental y por lo tanto de sustentabilidad.
¿Porqué se
ignoran los estudios demográficos pertinentes para poder proyectar
y evitar lo que es posible que ocurra? ¿Existe acaso otros modelos
para planificar el turismo a diferencia de los modelos que diseñan
ciudades?
Los espacios lúdicos
y las decisiones compartidas
El continuo desplazamiento
de poblaciones rurales a los polos turísticos aumenta lo incierto
del futuro para los trabajos tradicionales y menos especializados,
que van desapareciendo. Para dar paso, al trabajo informal de la
mayoría de los “conmutantes” y al deterioro acelerado de su hábitat.
Lo anterior es menos
dramático en aquellos poblados pequeños donde el turismo
si apenas a cambiado algunos espacios especiales para la construcción
de hoteles o nuevos centros comerciales. Un ejemplo mexicano es Guanajuato
o bien Cuernavaca, y se repite en varias islas pequeñas del Caribe
insular. No obstante, en los llamados centros turísticos integralmente
planificados, el resultado ha sido una mayoría de turistas extranjeros
de alto poder adquisitivo disfrutando en el espacio de la ciudad
lúdica, pero rodeados de suburbios marginales, donde no parecen
existir los círculos virtuosos del desarrollo, sino la trampa
de la pobreza.
El espacio turístico
humanizada no puede sobrevivir si surge el abuso y el despotismo, ni tampoco
una libertad basada en la injusticia tolerada. Estos espacios lúdicas
o los espacios turísticos del siglo XXI , tendrían
que basarse en una nueva síntesis de tareas compartidas y de cooperación
entre la comunidad de visitantes y la comunidad receptora, pero también
entre los planificadores y las poblaciones existentes y por llegar, siempre
que sean previstos a tiempo los problemas que surgen de las segregaciones
injustas.
Sea cual sea la ideología
dominante, lo importante en el desarrollo de los espacios lúdicos
es la participación de todos los actores involucrados. (Ward, op.
cit. p. 121). Pero el punto de partida que deben considerar los planificadores
es el tamaño mismo del crecimiento de la población, bien
sea del crecimiento el vegetativo como el crecimiento de la misma migración
rural-urbana. Los riesgos son elevados, pero es necesario buscar soluciones,
para que el turismo se convierta en un medio para elevar la calidad de
vida de los anfitriones y permita diseñar piezas escenográficas
para el disfrute de los turistas no residentes.

Los espacios lúdicos
y los problemas de la economía urbana
Un problema serio sería
la inflación, que casi siempre termina con la buenas iniciativas
y con los subsidios para los más necesitados e incluso afecta a
los hoteles nacionales e internacionales, que a veces proliferan cuando
existe un “boom” turístico –y que requieren al menos un nivel de
60% de préstamos para no perder
Si los servicios municipales
se hacen más caros, la base impositiva local se puede reducir al
elevarse las presiones: un clásico círculo vicioso, que impacta
a las ciudades especialmente en los países con economía mixta.
Si los planificadores de
centros turísticos tuviesen mayor control sobre la llegada de las
poblaciones en búsqueda de nuevos empleos y si hubiesen medidas
de política pública turística para afrontar los problemas
de la pobreza, entonces podría ser posible afrontar todo un desarrollo
con una base fiscal más sólida y un control concertado más
estable de los precios e ingresos, que es igual que buscar el equilibrio
entre oferta y demanda.
A veces se tiene la sensación
de que el concepto de sustentabilidad se refiere más a preservar
las especies de flora y fauna en peligro que lograr la mejora del hábitat
donde el ser humano realiza gran parte de su vida.
El otro asunto importante
es que la parte recreativa del turismo, fuera del alojamiento y las instalaciones
de otras empresas, se realiza en espacios públicos, es decir que
los operadores obtienen ganancias derivadas no sólo de su trabajo
al guiar e interpretar los espacios utilizados, sino del uso de la infraestructura
y amenidades de la comunidad receptora y del beneficio de contar
con las mejoras en su entorno natural. Además, las obras públicas
no pueden financiarse con el creciente valor de los terrenos, sino con
impuestos que pagan los ciudadanos y no pagan los turistas, ni las empresas
que diseñan los planes de desplazamientos desde el exterior.
Las bellezas y comodidades
que no tienen sino un valor intangible y sin precio en el mercado, quedarían
excluidas de una posible compra venta de los espacios lúdicos o
de su uso privado con fines recreativos, por eso es imposible confiarse
en el libre mercado de terrenos para producir equilibrios y bienestar para
todos sus usuarios potenciales; una solución compleja y costosa
en cuanto a su administración, sería devolver a la comunidad
las ganancias no merecidas, siempre que no haya existido un empeoramiento
de ese recurso, pues ello supondría asignar una indemnización
al vendedor; o bien, fijar un precio por un período largo de años
para la opción si el gobierno deseara comprar, para usar el suelo
en un proyecto turístico de cierta envergadura y evitar así
los precios especulativos.

Espacios turísticos
frágiles y ciudades residenciales: nuevas estrategias
La cuestión básica
es : ¿ quién se beneficia de un desarrollo turístico,
apropiado y de bajos impactos, al usarse los espacios públicos?
Muchas de las zonas más frágiles son las más bellas
desde el punto de vista turístico-recreativo y por ello requieren
ser bien protegidas.
El problema se presenta al
surgir un incremento de los visitantes que ponga en peligro a esos espacios
geográficos. Al menos que se imponga algún control a los
visitantes anuales, esos espacios pueden sufrir impactos irreversibles
y terminar con los paisajes prístinos.
En algunos lugares como la
isla de Lanzarote en el archipiélago canario, por ejemplo, se ha
limitado el desarrollo turístico y fue la Fundación César
Manrique con los gobiernos locales, los que establecieron los criterios
de planificación turística en el interés general de
la comunidad; de esa manera, la misma comunidad estaba regulando su propio
ritmo de desarrollo.Pero quizá Lanzarote sea una excepción,
porque como una vez señaló la Arquitecta española
Rosa
Barba:
[…] hay mucho suelo
comprometido en operaciones que se vacían paulatinamente, con lo
que queda en el aire la industria (sic) de servicios que depende de ellos.
También la urbanización turística ha agotado, casi
expoliado, el paisaje que le dio origen, con lo que además del daño
social y al patrimonio que ello representa, la industria de la construcción
que alimentó esos lugares, se queda sin mercado en las áreas
ocupadas, mientras que en las nuevas pende el fantasma de lo que va a producir
el desarrollo actual en el futuro. ( Barba, 1988,
p. 13 )
Es decir, lo comprometido se
ha quedado obsoleto y es necesario recuperarlo de otra manera; y también
es urgente buscar una nueva y mejor vía conceptual para proyectar
el suelo y el paisaje. Pero, ¿ cómo debe ser entonces proyectada
la urbanización del suelo para el uso turístico?

La hipótesis consiste
en buscar un nuevo equilibrio de las formas de vida, para poder disfrutar
con cierto confort el marco natural durante un período corto vacacional
, en el que se consumen servicios y paisajes, pero siempre con la precondición
de poderse sustraer a la ordenada vida urbana, a fin de relacionarse de
una manera diferente con otro entorno más aventurero y primigenio.
El marco para lograr esa
estrategia, es diseñar en un espacio geográfico con buen
clima, bellos paisajes y una cultura nueva en lugares no masificados y
no degradado. Es así como esa otra práctica de la urbanización
turística es concebida por Leira y Quero (1988)
muy diferente a la manera de planificar las ciudades.
Para estos arquitectos,
es necesario un orden territorial del conjunto de una manera escenográfica
en el espacio natural, diferenciando cada elemento del sistema para que
logren su autonomía.
Como el visitante temporal
no es un residente, lo más importante no es la vivienda, sino las
actividades que el turista realizará en el lugar seleccionado,
por lo que el equipamiento recreativo es fundamental y dominante.
La organización del
espacio debe entonces responder a los comportamientos de los usuarios y
debe formar parte de un producto diseñando cada pieza de una manera
bien diferenciada.
No se trata de desarrollar
un conglomerado de camas como un barrio-dormitorio, sino de diferenciar
cada pieza para que se adapte al paisaje donde se ubique y pueda ofertarse
un producto de alta calidad y además de muy baja densidad,
a fin de lograr una estrategia de operación y rentabilidad concertada,
ya que la baja densidad podría poner entre dicho la factibilidad
financiera del proyecto.

Conclusión
Es muy importante que en
el grupo de planificadores se encuentre una persona clave: el demógrafo,
que se ocupe de hacer varios escenarios del crecimiento probable tanto
de la población turística como de la población residencial
y flotante, a los fines de lograr un mejor proyecto sustentable.
El caso de Cancún
y las referencias sobre los incrementos de la oferta inmobiliaria en los
balnearios de San Pablo y también en Bariloche, son buenos ejemplo
de una planificación integral que debe ser mejorada, a fin de evitar
que la sustentabilidad se transforme en una planificación
impugnable o controvertibles, lo cual es el polo opuesto de lo que se desea
lograr.
El espacio turístico
planificado tiene entonces que armonizar dos problemas: 1) concebir una
nueva manera de organizar el espacios turístico en piezas escenográficas
autónomas, donde el equipamiento recreativo sea primordial y más
importante incluso que las unidades de vivienda; y, 2) concebir una
ciudad dormitorio para los trabajadores, de manera que se asegure un modo
de vida digno y se diseñe el espacio considerando las previsiones
demográficas, tanto del crecimiento vegetativo de la población
como de las corrientes de emigrantes que provienen de otros lugares
rurales y urbanos, respondiendo a las expectativas de un empleo estable
y una mejor calidad y género de vida.
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